LA BIBLIOTECA DE DANY
Creador de novelas, cuentos, poemas y En ocasiones daré mis opiniones o reseñas
sábado, 17 de octubre de 2026
CALAVERITA LITERARIA : LOS VECINOS DEL MUNDO Y AL FIESTA DEL DIA DE MUERTOS
martes, 13 de octubre de 2026
QUIEN ME TRANSFORMO?: LA TUMBA DE DARREN
LIAM
La tumba de Darren
Cuando salí de aquella cueva, lo único que quería era alejarme lo más posible. No quería mirar atrás y mucho menos regresar.
Y, para ser sincero, no era por lo que Tobu me había contado. No. Lo que realmente me dolía era que Ángel me hubiera ocultado la verdad. Él sabía lo que había sucedido y, aun así, había permitido que siguiera viviendo entre mentiras.
Sin embargo, había algo más que me atormentaba: mi propia culpa.
¿Cómo había permitido que la amistad y el amor me cegaran de aquella manera? ¿En qué momento había dejado de buscar respuestas? Durante todo ese tiempo, había olvidado una pregunta que debería haberme perseguido cada noche desde el principio.
¿QUIÉN ME TRANSFORMÓ?
Apreté los puños mientras continuaba caminando. Estaba tan perdido en mis pensamientos que ni siquiera prestaba atención al camino. Las ramas me golpeaban los brazos y las piedras se atravesaban bajo mis pies, haciéndome tropezar en más de una ocasión.
Pero no me importaba. Solo quería alejarme de todo aquello.
De Ángel. De Tobu. De las mentiras.
Y, sobre todo, de las respuestas que todavía no estaba preparado para escuchar.
Después de caminar durante varios minutos, levanté la cabeza y descubrí que había llegado a una especie de río. La luz del sol se reflejaba sobre el agua, formando pequeños destellos que parecían bailar con la corriente. El sonido del agua y el canto de los pájaros creaban una tranquilidad que contrastaba con el caos que llevaba dentro.
Por primera vez desde que había abandonado la cueva, pude respirar con cierta calma.
Me acerqué a la orilla y observé mi reflejo durante unos segundos. Apenas reconocía al muchacho que me devolvía la mirada. ¿Cuánto había cambiado desde que comenzó toda aquella pesadilla?
Aparté la vista y me giré para contemplar los alrededores.
Fue entonces cuando lo vi.
A pocos metros de distancia se alzaba un árbol de flores violetas, posiblemente una jacaranda. Sus ramas se extendían como un enorme manto sobre el suelo, y algunos pétalos habían caído alrededor de su tronco.
Era hermoso. Había algo en aquel lugar que transmitía una paz difícil de explicar.
Pero aquella sensación desapareció en cuanto distinguí lo que había debajo del árbol.
Dos rocas estaban acomodadas en forma de pequeña pirámide. Sobre ellas descansaba una cruz sencilla con un único nombre grabado:
DARREN.
No había fechas. Tampoco una dedicatoria ni una inscripción que explicara quién había sido aquel hombre.
Solamente encontré un par de huellas de lobo talladas en la piedra.
Me acerqué lentamente, sintiendo que algo se encogía dentro de mi pecho.
—Esta es la tumba del hermano mayor… —murmuré.
Recordé la historia que me habían contado sobre Darren, el hermano de Ángel y Tobu. Por alguna razón, estar frente a su tumba hizo que mi enojo y mi tristeza comenzaran a desvanecerse. En su lugar apareció una extraña sensación de serenidad, como si aquel rincón del bosque estuviera apartado del resto del mundo.
Extendí una mano y acaricié suavemente la superficie de una de las rocas.
—Entonces… la historia es cierta.
—Claro que es cierta.
La voz surgió detrás de mí.
Me sobresalté y me giré de golpe.
—¿Quién dijo eso? —grité, buscando con la mirada a quien acababa de hablar.
—Nadie importante —respondió la voz con indiferencia—. Aunque, bueno… solo una parte de la historia es cierta.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que solo una parte? ¿De qué estás hablando?
—Pues…
La voz se interrumpió.
Entonces ocurrió algo que me hizo retroceder instintivamente.
Una persona salió de detrás del árbol.
Era un muchacho de cabello negro y ondulado. Vestía un chaleco café y unos pantalones cortos de mezclilla. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue la cicatriz que le recorría la frente, atravesaba uno de sus ojos y descendía hasta la mejilla.
Había algo inquietante en su mirada. No parecía sorprendido de encontrarme allí. De hecho, tenía la expresión de alguien que llevaba tiempo esperando una oportunidad como aquella.
—¿Quién eres tú? —pregunté, sin apartar los ojos de él.
El desconocido ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Nunca te han hablado de mí?
Su tono irónico me hizo desconfiar todavía más.
—No. ¿Deberían?
Una sonrisa amarga apareció en sus labios.
—Supongo que te habrán contado que soy el responsable de la muerte de Darren.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
—¿Tú lo mataste?
Las palabras salieron de mi boca con dificultad. Se me hizo un nudo en la garganta y mi voz comenzó a quebrarse.
—¿POR QUÉ LO HICISTE? —exclamé, enfatizando cada palabra mientras lo miraba fijamente.
El muchacho dejó de sonreír.
Por un instante, su expresión cambió. Una sombra de dolor cruzó su rostro antes de que volviera a endurecer la mirada.
—Lo maté porque, hace años, tenía un hermano al que quería más que a nadie en este mundo… y uno de los tuyos me lo arrebató.
Su voz se volvió gélida.
Bajó la cabeza y apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos comenzaron a palidecer.
Yo no entendía nada.
—No comprendo… ¿Qué tiene que ver Darren con tu hermano?
El desconocido soltó una risa seca, sin una pizca de alegría.
—¿Quieres saber cómo empezó todo?
No respondí, pero tampoco aparté la mirada.
Él respiró profundamente, como si tuviera que reunir fuerzas para pronunciar las siguientes palabras.
—Yo vivía en un pueblo. Mis padres me abandonaron cuando era pequeño y mi hermano era lo único que tenía. Era mi familia, mi hogar… la única persona que nunca me dio la espalda.
Hizo una pausa.
Sus ojos se perdieron entre los árboles, como si estuviera contemplando algo que solo él podía ver.
—Una noche, uno de los tuyos atacó nuestro hogar. Yo había regresado de la escuela y, cuando llegué, encontré todo destrozado. Los muebles estaban volcados, había cristales por el suelo y…
Se detuvo.
Tragó saliva.
—Había un río de sangre que me condujo hasta la cocina.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—Allí estaba mi hermano —continuó—. Y junto a él había un lobo… uno como los tuyos.
Sus palabras se volvieron más lentas.
—No pude distinguir qué estaba haciendo exactamente aquella bestia. Mi hermano estaba gravemente herido y el animal lo observaba, como si estuviera comprobando si seguía con vida.
El muchacho cerró los ojos por un instante.
—Recuerdo que comencé a caminar hacia atrás. Quería escapar, pero tropecé y caí al suelo. El ruido llamó la atención del lobo.
Abrió los ojos y me miró directamente.
—Entonces, aquella cosa volvió la cabeza hacia mí.
Su mandíbula se tensó.
—Salí corriendo. No miré atrás. No sé cómo conseguí escapar, pero te juro que, desde aquella noche, hice una promesa.
—¿Qué promesa? —pregunté, aunque una parte de mí temía conocer la respuesta.
Su rostro se endureció.
—Que me vengaría. Que haría pagar a cada uno de ellos por lo que me habían arrebatado.
Lo observé con incredulidad. Poco a poco, una idea comenzó a formarse en mi cabeza.
—Espera… ¿eres hijo de los cazadores?
El muchacho soltó una carcajada y negó lentamente con la cabeza.
—No. Ellos no son mis padres biológicos. Me adoptaron.
Su respuesta me desconcertó.
—¿Te adoptaron?
—Después de lo ocurrido, les conté todo. Les hablé del ataque, de mi hermano y de aquella criatura. Ellos me escucharon y me acogieron en su familia. Me enseñaron muchas cosas y me hicieron entender que, si quería sobrevivir, debía aprender a defenderme.
Su mirada volvió a clavarse en mí.
—También me enseñaron algo que nunca he olvidado: la familia siempre debe permanecer unida.
Aquellas palabras me hicieron mirar instintivamente la tumba de Darren.
¿Qué clase de familia podía perder a uno de los suyos de aquella manera? ¿Y qué había ocurrido realmente la noche en que murió el hermano de aquel desconocido?
Había demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.
—Entonces, son tus padres adoptivos —murmuré.
—Exactamente.
Me quedé pensativo durante unos segundos, intentando ordenar toda aquella información.
—Está bien… creo que ya entiendo por dónde va tu historia —dije con cierta ironía, aunque mi inquietud no había desaparecido—. Pero hay algo que todavía no comprendo.
Señalé la tumba.
—¿Por qué mataste a Darren? ¿Qué tenía él que ver con la muerte de tu hermano?
El muchacho guardó silencio.
Por un momento pensé que no respondería. Sin embargo, una sonrisa burlona volvió a dibujarse en su rostro.
—Porque hice una promesa.
—¿Qué?
—Después de lo que le ocurrió a mi hermano, juré vengarme de todos ellos. Me prometí que acabaría con cada uno, hasta que no quedara ninguno.
Sus ojos brillaron con una frialdad que me hizo retroceder medio paso.
—Darren fue uno de ellos.
Se encogió de hombros, como si acabara de hablar de algo insignificante.
—Y, para serte sincero, ya perdí la cuenta de cuántos llevo.
No pude creer lo que acababa de escuchar.
Frente a mí no había solamente un muchacho que había perdido a su hermano. Había alguien que había convertido su dolor en una obsesión, alguien que parecía dispuesto a destruir a cualquiera que relacionara con aquella tragedia.
Y, por alguna razón, había decidido contarme todo aquello a mí.
—Estás loco… —murmuré.
Su sonrisa desapareció.
—¿Eso crees?
No tuve tiempo de responder.
Con un movimiento rápido, metió la mano bajo su chaleco y sacó una daga que llevaba escondida. El brillo de la hoja me cegó por un instante.
—¡¿Qué haces?! —grité.
El desconocido levantó el brazo y lanzó el arma directamente hacia mí.
Me aparté por puro instinto. La daga pasó rozándome y cayó al suelo detrás de mí.
Respiré agitadamente y me giré para comprobar si seguía allí.
Pero el muchacho había desaparecido.
No había escuchado pasos ni ramas quebrándose. No había visto hacia dónde se marchaba.
Simplemente… ya no estaba.
—¿Qué demonios…?
Me acerqué con cautela al lugar donde había caído la daga. La recogí por el mango, procurando no cortarme, y examiné la hoja.
Fue entonces cuando descubrí algo grabado en el metal.
Un nombre.
IAN.
Lo pronuncié en voz baja.
—Ian…
De pronto, recordé sus palabras. Su hermano. Los cazadores. La promesa de venganza. Darren.
¿Quién era realmente aquel muchacho? ¿Cómo había conseguido desaparecer sin dejar rastro? Y, sobre todo, ¿por qué había decidido atacarme después de contarme su historia?
Apreté la daga entre mis dedos y volví la mirada hacia la tumba.
Las flores violetas se mecían suavemente con el viento. Todo parecía tranquilo, como si nada hubiera ocurrido.
Pero yo sabía que algo acababa de cambiar.
Había salido de aquella cueva buscando respuestas sobre mi transformación y las mentiras de Ángel. Sin embargo, ahora tenía entre mis manos una nueva pieza de un rompecabezas que parecía mucho más oscuro de lo que había imaginado.
Y una pregunta comenzó a perseguirme:
¿Y SI LA HISTORIA QUE ME HABÍAN CONTADO SOBRE DARREN TAMBIÉN ERA UNA MENTIRA?
Tragué saliva y guardé la daga.
Tenía que encontrar a Ian.
Porque, si lo que acababa de contarme era cierto, tal vez Darren no había sido la única víctima de aquella historia.
Y quizá yo tampoco estaba tan lejos de convertirme en la siguiente.
CONTINUARÁ…
jueves, 8 de octubre de 2026
EL FLAMENCO GEMINUS: LA CAJA OBSCURA
PENÚLTIMO CAPÍTULO
LA CAJA OSCURA
Habían pasado algunas semanas desde el luto.
El tiempo había seguido avanzando, aunque algunas heridas todavía permanecían abiertas. Sin embargo, Olivia y Artheer habían decidido que ya era momento de hacer algo.
Querían que ciertas personas dejaran de estar tan ciegas ante lo que sentían.
Por eso comenzaron a preparar un plan.
La idea consistía en recrear aquella fiesta de disfraces que había cambiado tantas cosas entre ellos. Pero esta vez sería diferente.
No habría máscaras.
No habría disfraces.
No habría excusas.
Solo una fiesta aparentemente normal…
Y una sorpresa que ninguno de los invitados conocía.
La Caja Oscura.
Olivia intentó convencer a su jefa de la cafetería. Al principio, ella se negó rotundamente, pero después de que Artheer interviniera, terminó aceptando.
Así que los tres pusieron manos a la obra.
No sería sencillo. Tanto Olivia como Artheer tenían que trabajar después de la escuela y apenas disponían de tiempo para preparar todo.
Por eso decidieron hacerlo poco a poco.
El primer paso era sencillo:
Mantener ocupado a Ángel.
Y entonces…
ÁNGEL
Mi amiga ha estado muy extraña últimamente.
Demasiado extraña.
Cada vez que entro a un lugar, parece que deja de hablar. Cuando le pregunto qué ocurre, cambia de tema.
Estoy seguro de que me está escondiendo algo.
Lo peor es que no tengo idea de qué se trata.
Así que decidí dirigirme hacia el trabajo.
Mientras caminaba por el centro, algo llamó mi atención.
Había un pequeño mercadito lleno de puestos. Desde lejos pude distinguir figuras, peluches, mochilas y todo tipo de artículos relacionados con anime y videojuegos.
No pude evitar detenerme.
—Bueno… solo voy a mirar.
Entré.
Había de todo.
Figuras coleccionables, funkos, peluches, cadenas, pulseras, vasos, tazas, mochilas, pines e incluso artículos para laptops.
Estaba mirando unas figuras cuando, de pronto, vi a alguien conocido.
Una playera gris de mangas largas.
Cabello negro, ligeramente rizado.
Me quedé inmóvil.
Era Malee.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿Qué está haciendo aquí? —pensé.
No sabía si acercarme o marcharme.
Entonces Malee giró la cabeza.
Nuestros ojos estuvieron a punto de encontrarse.
—¡Ah!
Me agaché rápidamente detrás de uno de los puestos.
Cerré los ojos.
Por favor, que no me haya visto.
Escuché sus pasos acercándose.
Uno.
Dos.
Tres.
Cada paso hacía que mi corazón latiera más rápido.
Sentí que se detenía cerca de mí.
Contuve la respiración.
Pasaron unos segundos.
Finalmente, los pasos comenzaron a alejarse.
Suspiré aliviado.
—Gracias…
Me levanté lentamente.
Pero entonces escuché una voz detrás de mí.
—¿De quién te escondes?
Me congelé.
Reconocería aquella voz en cualquier lugar.
Malee.
Me giré lentamente.
Ahí estaba.
Mirándome con una pequeña sonrisa.
—De nadie —respondí rápidamente.
Sentí cómo mis mejillas comenzaban a calentarse.
—¿Seguro?
—Sí.
Malee inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces, ¿qué haces aquí?
—Yo… solo vine a mirar.
Miré alrededor buscando cualquier cosa que pudiera distraerme.
Y entonces encontré la salvación.
Un pequeño puesto lleno de accesorios.
Entre todos aquellos objetos había un collar con un dije de uno de mis Pokémon favoritos.
Togekiss.
—¡Mira!
Malee siguió mi mirada.
Nos acercamos al puesto.
Había pines, collares, pulseras, libretas, tazas y todo tipo de artículos coleccionables.
Mientras observábamos las cosas, Malee bajó la mirada.
Sus ojos se detuvieron en algo.
Mi collar.
Una Poké Ball que llevaba conmigo.
Su expresión cambió.
Él conocía ese collar.
Porque él me lo había regalado.
Aquel día.
Aquel regalo que había entregado a un chico sin saber que, detrás de aquella apariencia, estaba alguien mucho más cercano de lo que imaginaba.
—Oye… —dijo.
—¿Qué pasa?
Malee señaló mi collar.
—¿Dónde compraste eso?
Me quedé quieto.
—Fue… un regalo.
—¿De quién?
—De alguien especial.
Malee guardó silencio.
Por alguna razón, sentí que su mirada se había vuelto más intensa.
—¿Tu novio? —preguntó.
Mi corazón casi se detuvo.
—No.
—¿Tu novia?
Negué con la cabeza.
—Tampoco.
Malee dio un pequeño paso hacia mí.
—Entonces, ¿quién?
Tragué saliva.
—Es complicado.
Me puse tan nervioso que terminé tirando varios llaveros.
—¡Maldición!
—¡Espera!
Ambos nos agachamos para recogerlos.
Nuestros brazos se rozaron accidentalmente.
Me quedé inmóvil durante un instante.
Malee también.
Nuestros ojos se encontraron.
Sentí que el mundo alrededor desaparecía.
Pero rápidamente aparté la mirada.
—Perdón…
—No pasa nada —respondió él en voz baja.
Terminamos de recoger los llaveros.
Después de unos segundos, Malee volvió a preguntarme:
—¿Te gusta esa persona?
No respondí inmediatamente.
—Sí.
Mi voz salió casi en un susurro.
—¿Mucho?
Lo miré.
—Más de lo que debería.
Malee permaneció callado.
—Entonces, ¿por qué no se lo dices?
Bajé la mirada.
—Porque no creo que le guste.
—¿Por qué?
Respiré profundamente.
—Porque hay algo que no sabe sobre mí.
Malee frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué cosa?
No podía decírselo.
No todavía.
Así que decidí esconder la verdad dentro de una mentira.
—Digamos que… un amigo mío se disfrazó de mujer.
Malee levantó una ceja.
—¿Un amigo?
—Sí.
—Continúa.
Me senté en un pequeño banco cercano.
Malee se sentó a mi lado.
—Mi amigo se sentía confundido con su orientación. Su amiga decidió ayudarlo y lo llevó a una feria.
Malee permaneció completamente atento.
—Pero unos tipos comenzaron a acosarlos.
Hice una pausa.
—Entonces aparecieron dos hermanos y los salvaron.
La expresión de Malee cambió.
Su sonrisa desapareció.
—¿Dos hermanos?
—Sí.
—¿Y qué pasó después?
—Uno de ellos… terminó enamorándose de aquella persona.
Malee permaneció en silencio.
Durante unos segundos parecía perdido en sus propios pensamientos.
—¿Y qué tiene que ver eso contigo?
Sentí un nudo en el estómago.
—Porque…
Me quedé callado.
—Porque mi amigo cree que la persona que le gusta podría rechazarlo si descubre quién es realmente.
Malee me observó fijamente.
—¿Y tú crees que esa persona lo rechazaría?
—No lo sé.
—¿Le gustan los hombres?
Lo miré sorprendido.
—¿Qué?
—La persona que le gusta a tu “amigo”.
Sentí que mi rostro se calentaba.
—Creo que sí.
Malee sonrió ligeramente.
—Entonces quizá tu amigo está preocupándose demasiado.
—¿Tú crees?
—Sí.
Se recargó en el banco.
—Si ese chico realmente lo quiere, no debería importarle si se disfrazó de mujer, de hombre o de cualquier otra cosa.
Lo miré en silencio.
—¿Y si se siente engañado?
Malee bajó la mirada.
—Entonces tendrá que decidir si ama la mentira… o a la persona.
Aquellas palabras me dejaron sin respuesta.
Malee volvió a mirarme.
—Además…
Se acercó un poco.
—A veces la persona que buscas está mucho más cerca de lo que imaginas.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
Malee sonrió.
—Nada.
Se levantó.
—Vamos. Te acompaño.
Me quedé mirándolo.
Por alguna razón, sentí que aquellas palabras tenían otro significado.
Como si Malee supiera algo que yo no.
Y mientras caminábamos juntos, una pregunta comenzó a rondar mi cabeza:
¿Realmente se había creído mi historia?
MIENTRAS TANTO, EN LA CAFETERÍA
OLIVIA
Al parecer, Ángel tardaría un poco más en llegar.
Me había enviado un mensaje diciendo que estaba en una tienda de cómics y figuras coleccionables.
Eso nos daba algo de tiempo.
—¿De verdad debemos hacer la fiesta hoy? —preguntó mi jefa, algo preocupada.
—Lo siento, jefa, pero esos dos tortolitos necesitan abrir los ojos.
—¿Y si no funciona?
—Funcionará.
Lo dije con tanta seguridad que hasta yo misma terminé dudando.
Mi jefa suspiró.
—Olivia, no podemos obligar a nadie a enamorarse.
La miré.
Sabía que tenía razón.
—No queremos obligarlos —respondí—. Solo queremos que dejen de tener miedo.
Ella se quedó pensativa.
Después levantó una pieza decorativa con forma de cisne.
—Entonces hagámoslo.
Sonreí.
—¿En serio?
—En serio.
Pero antes de continuar, ambas miramos hacia una caja negra que se encontraba sobre una mesa.
La caja no tenía adornos.
No tenía etiquetas.
Solo una pequeña cerradura.
La Caja Oscura.
—¿Estás segura de que esto es buena idea? —preguntó mi jefa.
La miré.
—No.
Sonreí.
—Pero definitivamente será interesante.
ARTHEER
Aunque Olivia estaba convencida de que aquella fiesta era necesaria, yo compartía algunas de las dudas de su jefa.
No quería que nadie se sintiera obligado a confesar algo.
Mucho menos mi hermano.
Él necesitaba descubrir sus sentimientos por sí mismo.
A veces, conocer la verdad demasiado pronto podía ser peor que vivir unos días más en la incertidumbre.
Pero también sabía algo.
Mi hermano llevaba demasiado tiempo huyendo.
Y quizá necesitaba un pequeño empujón.
Miré la decoración.
Todo estaba casi listo.
—Bien, amor. Ya casi está —dije.
Olivia se acercó.
—¿Crees que funcionará?
Miré la Caja Oscura.
—No lo sé.
Me quedé observándola durante unos segundos.
—Pero después de esta noche, nada volverá a ser igual.
Olivia sonrió.
Yo también.
Sin embargo, ninguno de los dos sabía exactamente qué contenía aquella caja.
Solo sabíamos una cosa:
alguien tendría que abrirla.
Y cuando eso ocurriera…
algunos secretos dejarían de ser secretos.
FIN DEL PENÚLTIMO CAPÍTULO
🖤✨ ¡ATENCIÓN, LECTORES! ✨🖤
Después de una pequeña pausa… ¡Maléfico está de regreso! 🐉🌙
La historia continuará y les tengo una noticia que quizá algunos estaban esperando…
🔥 ¡EL ÚLTIMO CAPÍTULO VIENE MUY PRONTO! 🔥
Pero antes de publicarlo, quiero saber algo de ustedes…
👀 ¿YA QUIEREN SABER CÓMO TERMINARÁ ESTA HISTORIA?
👇 Déjame tu comentario y dime qué tanto estás esperando el final.
Y cuidado… porque en Maléfico, nunca sabes qué secreto puede aparecer antes del final. 🐉🖤
¿ESTÁN LISTOS PARA EL ÚLTIMO CAPÍTULO? 👀✨
sábado, 3 de octubre de 2026
LA HUESUDA Y SUS VECINOS DEL MUNDO ( CALAVERITA LITERIARIA UNA TRADICION MEXICANA)
💀 LA HUESUDA Y SUS VECINOS DEL MUNDO 💀
lunes, 28 de septiembre de 2026
QUIEN ME TRANSFORMO: UNA CRUDA VERDAD
Gael tenía un buen cuerpo, era atlético, sus ojos eran llamativos y sus labios, delgados y suaves. Yo, en cambio, no era atlético ni tampoco demasiado gordo; simplemente me consideraba una persona normal. Mis ojos no eran tan llamativos como los suyos y mis labios eran un poco más carnosos.
Después de aquella revelación, la cueva quedó sumergida en un silencio inesperado. Gael y Ángel decidieron tomar un poco de distancia, aunque sus miradas los delataban. Había algo extraño entre ellos: una mezcla de sorpresa, nostalgia y una alegría que ninguno de los dos parecía dispuesto a admitir.
—Bien —asintió Ángel, intentando levantarse de la cama—. Necesitamos pensar qué vamos a hacer.
Gael se dio la vuelta y se recargó en una de las esquinas de la estatua. Mientras tanto, yo ayudé un poco a Ángel con sus nuevos vendajes. Debo admitir que estaba bastante apenado. No sabía exactamente cómo sentirme. Estaba confundido por lo que me estaba pasando y, ahora, con la aparición de Gael, no podía dejar de pensar que quizá quería reconquistar a Ángel.
—¿Qué vamos a hacer de qué? —pregunté.
Gael, Miguel y Ángel se me quedaron mirando como si acabara de decir algo completamente fuera de lugar.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
Los cuatro comenzamos a percibir un olor que se extendía lentamente por la cueva.
Tierra mojada.
Sangre.
Carne.
Y un olor mucho más desagradable, parecido al de la carne podrida.
Ángel levantó la cabeza de inmediato.
Parecía haber recuperado sus fuerzas de repente. Sus ojos cambiaron y su respiración se volvió pesada. La furia comenzó a apoderarse de él hasta que, frente a nosotros, empezó a transformarse.
Su cuerpo creció rápidamente hasta convertirse nuevamente en aquel enorme lobo de casi tres metros de altura, tan grande como un caballo. Su pelaje era café claro y sus ojos, marrones y salvajes.
—¡Ángel! —exclamé.
Intenté seguirlo cuando salió de la cueva, pero Gael se interpuso rápidamente.
—¡No!
Se colocó frente a la entrada y sujetó con fuerza las piedras de los alrededores para impedir que yo saliera.
El olor se hizo todavía más intenso.
Carne podrida.
Tierra mojada.
Sangre.
Bosque.
Pero, entre todos aquellos aromas, hubo uno que reconocí inmediatamente.
Un olor que me provocó un escalofrío.
—Bryan... —susurré.
Mis sentidos estaban mucho más desarrollados desde mi transformación. Podía escuchar incluso los sonidos más pequeños.
Entonces escuché algo.
Ramas rompiéndose.
Hojas siendo aplastadas.
Piedras moviéndose.
Y unos pasos.
Pero no eran pasos humanos.
Eran pesados, lentos y amenazantes.
También podía escuchar el sonido de unas uñas, o quizá garras, chocando contra las rocas.
A través de un pequeño hueco en la entrada de la cueva, pude observar lo que se acercaba.
Era Bryan.
O, mejor dicho, lo que quedaba de él.
Estaba transformado en aquel licántropo corrupto que caminaba sobre dos piernas. Su cuerpo estaba cubierto de pelo, sus dientes sobresalían de su mandíbula y sus garras parecían capaces de desgarrar cualquier cosa.
Era como aquel típico hombre lobo siniestro que aparecía en las películas.
—Ángel está en peligro —remarqué.
La impotencia y el enojo comenzaron a apoderarse de mí. Sentí que mi propia transformación se hacía más intensa; mis músculos se tensaron y mis sentidos se agudizaron.
—No. No es tu pelea —respondió Gael.
Apretó todavía más las piedras para impedir que saliera.
—¡Déjame salir!
Intenté apartarlo y empujarlo varias veces, pero Gael no cedió.
Apenas podía observar lo que estaba sucediendo afuera.
Bryan estaba recargado tranquilamente contra un árbol.
Aquella tranquilidad me sorprendió. Para ser sincero, nunca lo había visto tan calmado. Sin embargo, esa calma no me transmitía confianza. Al contrario, me hacía sentir que algo terrible estaba a punto de ocurrir.
De pronto, una pequeña nube de polvo se levantó.
Ángel se lanzó al ataque.
Dio un enorme salto directo hacia Bryan, pero él mantuvo una postura completamente abierta, como si quisiera recibir el golpe para comprobar la fuerza de Ángel.
Cuando Ángel estuvo a punto de morderlo, Bryan reaccionó con una velocidad impresionante.
¡BOOM!
Un solo golpe bastó para mandarlo contra el suelo.
Otra nube de polvo cubrió el lugar.
Durante unos segundos no pude ver absolutamente nada.
Finalmente, el polvo comenzó a disiparse.
La pelea había terminado.
Ambos estaban demasiado heridos para continuar, así que poco a poco comenzaron a recuperar su forma humana.
Bryan miró a Ángel con desprecio.
—Eres patético —argumentó con una sonrisa llena de superioridad mientras Ángel intentaba recuperarse—. No me sorprende que ellos te hayan causado tanto daño. Eres débil.
Ángel levantó lentamente la cabeza.
Su mirada estaba llena de rabia.
—¿A qué viniste? —exclamó—. ¿Viniste a matarnos o solamente a avergonzarme?
Bryan permaneció tranquilo.
—Tenemos un enemigo en común —respondió mientras observaba el paisaje—. Y ya sabes lo que dicen: el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
Hizo una pausa.
Entonces giró lentamente la cabeza.
Su mirada se encontró con la mía.
—Solo que...
El silencio volvió a apoderarse del lugar.
Bryan me señaló.
—Me sorprende que todavía sigas con él.
—¡Cállate! —respondió Ángel mientras intentaba ponerse de pie.
Pero Bryan no apartó la mirada de mí.
—Ángel fue quien te convirtió en lo que eres —argumentó—. Como te vi tanto tiempo con él, pensé que ya lo habías perdonado.
Rio de manera inquietante y se sentó sobre una piedra.
Yo me quedé completamente inmóvil.
Sus palabras comenzaron a dar vueltas dentro de mi cabeza.
Ángel me había convertido.
Ángel era la razón por la que ahora era lo que era.
Y yo...
Yo había olvidado aquella misión.
Había pasado demasiado tiempo con él.
Había conocido este mundo.
Había empezado a confiar en él.
Pero ¿y si todo había sido un engaño?
Por primera vez, aquella posibilidad me golpeó con fuerza.
¿Y si Bryan tenía razón?
¿Y si durante todo este tiempo había estado al lado de la persona que me había condenado a vivir de esta manera?
Me sentí utilizado.
Engañado.
Traicionado.
No podía creerlo.
Todo este tiempo había estado junto a quien me había convertido en aquello que ahora me ponía en peligro.
Y entonces comenzaron a regresar a mi mente todas aquellas historias.
El odio.
La humillación.
El miedo.
La transformación.
Todo se mezcló dentro de mí hasta convertirse en una tormenta de emociones.
No quería escuchar nada más.
Sin decir una palabra, me di la vuelta...
Y salí corriendo de allí.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
EL FLAMENCO GEMINUS: EL ULTIMO ADIOS
CAPÍTULO: EL ÚLTIMO ADIÓS
ÁNGEL — PERSPECTIVA
Después de todo lo que había sucedido con el hermano de mi amiga Olivia, llegó el momento que ninguno de nosotros quería enfrentar: el entierro de su padre.
El cementerio estaba lleno.
Habían llegado familiares, amigos, conocidos y personas que, de una manera u otra, habían formado parte de la vida de aquel hombre. Incluso algunos miembros del grupo de rehabilitación para alcohólicos se presentaron para darle el último adiós.
Su hermano, sin embargo, no parecía dispuesto a aceptar su presencia.
Para él, aquellas personas eran unos farsantes. Durante mucho tiempo había pensado que nunca habían ayudado realmente a su padre y que solamente estaban allí por apariencia.
Pero el director de la institución se acercó a él y habló durante varios minutos. No alcancé a escuchar la conversación completa, pero, después de aquello, su expresión cambió ligeramente.
Olivia permanecía junto al ataúd.
Podía ver el dolor en sus ojos. Intentaba mantenerse fuerte, pero cada vez que miraba aquel féretro parecía que algo dentro de ella se rompía nuevamente.
Se acercó lentamente y tomó una rosa blanca.
La sostuvo entre sus manos durante unos segundos antes de colocarla sobre el ataúd.
—Adiós, papá —susurró.
Su voz apenas consiguió salir de sus labios.
Su hermano permaneció en silencio. Después tomó un puñado de tierra entre sus manos.
—A pesar de que nuestro vínculo como padre e hijo se rompió... —dijo con la voz entrecortada—, yo solo quería volver a ver a mi padre. Al hombre que nunca se dio por vencido.
El silencio que siguió fue más doloroso que cualquier palabra.
El sacerdote pronunció las últimas oraciones y, poco después, el ataúd comenzó a descender lentamente.
El tiempo pareció detenerse.
Algunos de los asistentes empezaron a retirarse. Poco a poco, el cementerio fue quedándose vacío hasta que solamente permanecimos Olivia, su hermano, algunos trabajadores y yo.
Cuando los excavadores comenzaron a cubrir nuevamente la tumba con tierra, Olivia volvió a llorar.
Su hermano también.
Yo me quedé junto a ellos.
No quería dejarlos solos.
Entonces escuché el sonido de un automóvil acercándose.
Volteé.
Un automóvil deportivo de color rojo se detuvo cerca de nosotros. No estaba seguro de qué marca era; solo sabía que parecía extremadamente costoso.
La puerta se abrió.
Primero aparecieron unos zapatos negros.
Después, un hombre vestido elegantemente descendió del vehículo. Llevaba un traje oscuro y sostenía un ramo de flores entre las manos.
La persona levantó lentamente la cabeza.
Cabello corto.
Lentes de sol.
Un rostro que reconocí inmediatamente.
Arthee.
Mi corazón dio un vuelco.
Pero la reacción del hermano de Olivia fue completamente distinta.
Lo vi levantar la mirada.
Su rostro se endureció.
Arthee apenas había dado unos pasos cuando él comenzó a caminar hacia él.
Su expresión era una mezcla de rabia y dolor.
Yo no sabía qué iba a ocurrir.
Solo podía mirar.
ARTHEE — PERSPECTIVA
Había llegado demasiado tarde.
Cuando entré al cementerio, casi todos se habían marchado.
Solo quedaban Ángel, Olivia y su hermano.
Apreté con fuerza el ramo de flores que llevaba entre las manos.
Sabía que quizá no debía estar allí.
Sabía que Olivia probablemente no quería verme.
Después de todo lo que había ocurrido, quizá mi presencia solamente conseguiría hacer que su dolor fuera todavía mayor.
Pero necesitaba verla.
Aunque fuera una última vez.
Respiré profundamente y reuní el valor suficiente para avanzar.
Entonces lo vi.
El hermano de Olivia me había descubierto.
Su mirada cambió inmediatamente.
No necesitaba que nadie me explicara lo que estaba pensando.
Seguramente Olivia le había contado todo.
Lo vi acercarse.
Cada paso era más rápido que el anterior.
—¡¿QUÉ HACES AQUÍ?! —gritó.
Me quedé inmóvil.
No sabía qué responder.
Cualquier palabra que dijera podía empeorar todavía más las cosas.
—¡DIME! —volvió a gritar.
Ahora estaba mucho más cerca.
Entonces pude verlo claramente.
Tenía lágrimas en los ojos.
Levantó el puño.
Cerré los ojos.
Esperé el golpe.
—¡DÉJALO!
La voz de Olivia me hizo abrirlos.
Ella corría hacia nosotros.
—Quiero hablar con él.
Su hermano se detuvo.
Dio algunos pasos hacia atrás, aunque permaneció cerca, como si estuviera preparado para intervenir en cualquier momento.
Olivia caminó lentamente hacia mí.
La observé.
Estaba destrozada.
Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y su rostro reflejaba todo el dolor que había soportado.
Cuando finalmente llegó frente a mí, apenas podía levantar la mirada.
—Tal vez te sorprenda que esté aquí —dije suavemente.
—¿A qué viniste? —preguntó.
Su voz amenazaba con quebrarse.
Bajé la mirada.
Entonces recordé aquella tarde en la cafetería.
El ramo de flores que le había llevado.
La forma en que había interpretado su silencio.
Mi propia inseguridad.
Y cómo, convencido de que ya no quería estar conmigo, había arrojado aquellas flores a la basura.
—Ah... cierto.
Olivia bajó todavía más la mirada.
Parecía dispuesta a marcharse.
Entonces la tomé suavemente de la mano.
Sentí cómo mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
—Veo que no leíste aquella nota —susurré.
Olivia se quedó inmóvil.
—No.
Su voz sonó más fuerte esta vez.
—¡No! Quería alcanzarte, pero la lluvia la mojó. Cuando intenté levantarla... se destrozó.
Las últimas palabras salieron acompañadas de un sollozo.
Sus piernas dejaron de sostenerla.
Olivia cayó de rodillas.
No lo pensé.
Me arrodillé junto a ella y la sostuve entre mis brazos.
Su hermano dio un paso hacia nosotros, pero se detuvo al verme abrazarla.
Olivia se aferró a mí.
Podía sentir su respiración agitada.
Sus lágrimas empapaban mi ropa.
—¡¿Por qué me abandonaste?! —exclamó—. ¡¿Por qué rompiste conmigo?! ¡¿Ya no me amas?! ¡¿Por qué te alejaste de mí?!
Cada pregunta atravesó mi pecho.
La abracé con más fuerza.
—Quería darte tu espacio —respondí mientras lloraba con ella—. Aquel día, cuando me dijiste que no me preocupara, comencé a pensar que me estabas ocultando algo.
Olivia se separó lentamente.
Me miró sorprendida.
—No estoy enfermo, ni soy un secuestrador, ni nada parecido —añadí, intentando sonreír.
Después miré hacia su hermano.
—Solo quería saber qué estaba pasando.
Volví a mirar a Olivia.
—Entonces... —preguntó ella con inquietud.
Respiré profundamente.
—Aquel día supe que me ocultabas algo. Tú sabes que tengo gente que puede ayudarme a investigar, así que empecé a buscar respuestas.
Cerré los puños.
—Pensé que me engañabas con alguien más. Quería saber quién me había quitado mi lugar como tu novio.
Los ojos de Olivia volvieron a llenarse de lágrimas.
—Mandé a un guardia para que te vigilara y descubrir qué estaba pasando —confesé.
Bajé la mirada.
—Sé que estuvo mal. Pero los celos me consumieron. Hasta que me informaron sobre la pelea entre tu padre y tu hermano.
Tragué saliva.
—Después investigué sobre tu padre y sus problemas con el alcohol. La persona que les habló de aquella clínica era un amigo mío que conocía el lugar. Pensé que podía ayudarlos... aunque fuera desde las sombras.
No alcancé a decir más.
Un golpe me derribó.
Caí sobre la tierra.
El hermano de Olivia estaba frente a mí.
—¡Entonces fue tu culpa! —gritó—. ¡Que nuestro padre ya no esté aquí!
—¡No! —respondí inmediatamente—. ¡Te equivocas!
Me incorporé como pude.
—Cuando lo internaron, fue por su propia decisión. Yo personalmente fui a verlo junto con mi amigo, quien también había pasado por esa rehabilitación.
Miré hacia la tumba.
—Hablé con tu padre. Me contó lo que había ocurrido con su madre, cómo se sentía, por qué había caído en la adicción y cómo había recaído nuevamente.
Mis manos comenzaron a temblar.
—Cuando escapaba de la clínica, yo iba tras él. Intentaba convencerlo de regresar. Pero su adicción, su baja autoestima y sus ataques de ansiedad eran más fuertes que cualquier cosa que yo pudiera decirle.
Mi voz se quebró.
—La noche del accidente me avisaron que había sufrido otro ataque de ansiedad. Escapó y trataron de detenerlo, pero...
No pude terminar.
Sentí una mano tomar la mía.
Olivia.
Ella me miraba con lágrimas en los ojos.
—Entonces ya lo sabes —dijo suavemente.
Asentí.
—Sí.
Olivia tomó un pañuelo y comenzó a limpiar la herida que tenía en el rostro.
—¿Y por qué aquella vez en la cafetería no me esperaste? —preguntó—. ¿Por qué tiraste las flores?
Me quedé en silencio unos segundos.
—Porque... —busqué las palabras adecuadas— pensé que estarías mejor con alguien más.
Levanté la mirada.
—Pensé que quizá ya no me querías.
Las lágrimas volvieron a recorrer mi rostro.
Tenía tierra pegada en la cara y la herida me ardía.
Pero entonces Olivia se acercó.
Y me besó.
Fue un beso inesperado.
Uno que parecía contener todas las palabras que ninguno de los dos había podido decir.
Cuando se separó, apenas pude reaccionar.
—Eso quiere decir que...
Olivia sonrió.
Y volvió a besarme.
Esta vez correspondí.
—Te perdono —susurró—. Y te amo.
Sonrió nuevamente.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar.
—Gracias.
Cerré los ojos durante un instante.
Después recordé algo.
—Toma.
Saqué tres sobres.
Olivia los miró confundida.
—¿Qué es esto?
—Tres cartas.
—¿Para quiénes son?
Señalé los sobres.
—Dos son para ti y una es para tu hermano.
Ella los observó.
—Tu padre me las dio cuando todavía estaba bien. Me pidió que se las entregara cuando ustedes estuvieran preparados para leerlas.
Después señalé el segundo sobre.
—Y esa es para mí.
Olivia sostuvo las cartas contra su pecho.
Su hermano permaneció en silencio.
Finalmente se agachó frente a mí, avergonzado.
—Muchas gracias —dijo.
Me llevé una mano a la herida.
—No te preocupes. Entiendo que, dadas las circunstancias...
No terminé la frase.
Olivia nos miró a ambos.
Pero entonces una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Entonces todavía nos queda una tarea.
La miré.
—¿Cuál?
Su sonrisa se volvió traviesa.
—Abrir las cartas.
Sonreí.
—¡Oh, sí!
Y por primera vez desde que habíamos llegado al cementerio, aquella tristeza que parecía habernos consumido por completo dejó espacio para algo diferente.
Esperanza.
domingo, 20 de septiembre de 2026
¿QUIEN SOY YO?
¿QUIÉN SOY YO?
viernes, 18 de septiembre de 2026
QUIEN ME TRANSFORMO?: LA HISTORIA DE LOS 3 LOBOS (2 PARTE FIN)
Después de aquellos acontecimientos, la estatua que se nos presentó era bastante aterradora. Representaba dos bandos: unos eran licántropos en su forma completamente animal, mientras que los otros tenían la misma apariencia que Tobu y Brayan cuando se transformaban. Hablo del típico hombre lobo que camina sobre dos piernas: hocico de lobo, orejas puntiagudas, garras filosas y un cuerpo cubierto de pelaje.
Pero antes de que pudieran explicarnos el significado de aquella estatua, Gael volvió a mirarnos.
GAEL
—Yo conocí a Ángel, Tobu y Warren hace unos años —comentó aquel chico—. Fue durante una persecución.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Verán, al igual que ellos, yo también fui maldecido por mi padre. Él era un hombre serio, pero el poder era su verdadera ambición. Según la tradición, mi familia había nacido con este "don". Mi abuelo y mi padre querían utilizarlo para que la justicia prevaleciera, pero, para conseguirlo, pretendían que todos los demás los reconocieran como sus reyes.
»Los demás se negaron.
»Yo apenas era un adolescente cuando todo comenzó a caer a la borda. Mi familia sabía que se acercaba la luna llena, así que me encerraron en una celda esperando el momento de mi transformación. Me habían esposado y apenas me daban comida. Lo más probable era que, al transformarme, mi hambre se volviera mucho más intensa.
»Mi padre quería utilizarme para provocar el pánico.
»Al llegar la noche, recuerdo que un guardia me llevó hasta el centro del palacio. Las cadenas fueron sujetadas a un par de pilares que se encontraban allí. Podía sentir cómo mi hambre aumentaba poco a poco.
»Entonces comenzaron a sonar los tambores.
»De pronto, un par de esclavos vestidos con túnicas iluminaron el lugar con antorchas. Y fue entonces cuando lo vi.
»Mi padre apareció frente a mí. Vestía una capa roja, algo anticuada para ser honesto, parecida a los atuendos que utilizaban los antiguos reyes. El color era rojo como la sangre. A su lado había un pequeño cordero amarrado con un lazo.
»La luna ya estaba en posición.
»Los tambores comenzaron a sonar con más fuerza.
—¡Dios de la Luna! —gritó mi padre a los cuatro vientos, mirando hacia el cielo—. ¡Permite transmitirle este don a mi hijo!
—¡No lo acepto! —respondí cuando terminó la frase.
Pero mi esfuerzo fue inútil.
Vi cómo mi padre sacaba un cuchillo mientras el sirviente dejaba al pequeño cordero en el suelo.
—No lo hagas...
—Acepta esta ofrenda y haz que mi hijo reciba esta hermosa bendición.
Cuando terminó la oración, escuché el último balido del pobre cordero.
Su sangre comenzó a dispersarse por el suelo, formando un círculo que, al parecer, tenía la silueta de un lobo.
Sonó el último tambor.
Mi padre se quedó completamente en silencio, mirando hacia la luna.
Entonces el miedo comenzó a apoderarse de mí.
Era la misma sensación que tendría una presa al sentirse observada por un depredador.
Algunos de los seguidores comenzaron a dispersarse, pero la mayoría permaneció allí.
Mi padre empezó a quejarse levemente.
Entonces sucedió.
De sus pies comenzaron a surgir garras. Su cuerpo empezó a cubrirse de pelo. Sus orejas cambiaron de forma y su boca comenzó a alargarse hasta convertirse en el hocico de una bestia.
Todo su cuerpo estaba cambiando.
Finalmente, aquel monstruo levantó la cabeza.
Sus ojos se clavaron directamente en mí.
Intenté escapar.
Tiré de las cadenas con todas mis fuerzas, pero era demasiado tarde.
Mi padre se abalanzó sobre mí.
—¿Esa mordida te la hizo tu padre? —preguntó Liam, señalando las cicatrices que tenía: una en el pecho y otra en el hombro.
—Sí... así es —respondí, bajando la mirada—. Él me hizo esto.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
—Después de eso... la bestia en la que me convertí era terrible. Aquella noche perdí completamente el control. Cuando amaneció, solo pude ver las consecuencias.
»Había casas quemadas. Algunos cadáveres estaban tirados en las calles y otros habían sido desmembrados.
»Ese día me arrepentí por completo.
»Cuando fui a enfrentar a mi padre por lo que me había hecho, esperaba encontrarme con un hombre arrepentido.
»Pero no fue así.
»Mi padre me estaba mirando con alegría.
»Y entonces comprendí por qué.
»Los aldeanos sobrevivientes me esperaban. Mi propio padre les dijo que yo era el monstruo que los había atacado durante la noche.
»El hombre en quien yo confiaba me había convertido en aquello.
»Así que decidí vengarme.
—¿Y lo hiciste? —preguntó Liam.
—Como sabrás, sí.
»Fue una pelea brutal. Mi padre perdió y yo gané. Pero no contaba con que él hubiera preparado un plan B.
»Había creado a los cazadores que ustedes ya conocen.
Gael miró fijamente a Liam.
—¿Pero cómo? —preguntó Liam, sorprendido—. ¿No se supone que todo eso ocurrió hace muchísimos años?
—Sí —respondí—. Pero recuerda que esto pasa de generación en generación.
—Entiendo... —contestó Liam con una voz agridulce.
Gael respiró profundamente antes de continuar.
—Con el paso del tiempo, aquellos cazadores comenzaron a perseguirme sin descanso ni misericordia. Una noche estuvieron a punto de matarme, pero entonces los tres hermanos lobo me rescataron de aquel cruel destino.
»Ángel, Tobu y Warren me ayudaron. Mataron a varios de los cazadores que me habían seguido y, después, les conté cómo había llegado a convertirme en esto.
»Ellos me explicaron que su historia era diferente a la mía. En su caso, también había sido su padre quien los había condenado.
»Después del rescate, las noticias no tardaron en llegar. Habíamos acabado con muchos cazadores, pero eran demasiados.
»Así que decidimos ocultarnos.
»Cambiamos nuestras identidades para evitar que nos encontraran. Ángel conservó su nombre, aunque cambió sus apellidos. Warren pasó a llamarse Darren Volour. Tobu... creo que se cambió el nombre por Lucifer, aunque no estoy seguro. Tal vez solo cambió sus apellidos.
»Mientras intentábamos descubrir cómo derrotar a los cazadores, ocurrió algo que no esperaba.
»Poco a poco, sin darme cuenta, empecé a sentir algo por Ángel.
Gael sonrió ligeramente.
—Era valiente, protector y honesto. Pero, sobre todo, siempre protegía a los suyos.
»Una tarde estábamos preparando un plan que creíamos brillante.
»Hasta que él llegó.
—¿Quién llegó? —preguntó Liam, entusiasmado.
Gael lo miró por un instante.
—Como sabes, una amistad puede crecer hasta convertirse en algo más. Y eso fue lo que ocurrió entre Ángel y yo.
»Pero un día, cuando estábamos juntos, un cazador se interpuso entre nosotros.
»Era el hijo de aquellos cazadores que ustedes conocen.
»Sin embargo, había algo diferente en él.
»Sabía que lo que su familia estaba haciendo estaba mal y estaba dispuesto a ayudarnos a detenerlos.
»Estábamos desesperados y asustados. No sabíamos que todo aquello formaba parte de un plan.
»Warren y yo desconfiábamos de él, pero no teníamos muchas opciones. Gracias a él descubrimos que estaban reclutando gente para preparar un ataque final.
»Decidimos preparar un contraataque, aunque teníamos que pensarlo cuidadosamente.
»Durante nuestros viajes conocimos a otras personas como nosotros. Algunos también habían sido perseguidos y cazados.
»Pero quedaban muy pocos.
»Pasaron las semanas y los meses. Todo parecía estar en orden, aunque ninguno de nosotros se sentía realmente tranquilo.
»Hasta que una noche aquel hombre nos dijo que tenía que regresar para comprobar cómo estaba la situación. Seguramente los demás comenzarían a preguntarse dónde estaba.
»Warren decidió acompañarlo.
»Los otros hermanos también quisieron ir para asegurarse de que nada le sucediera.
»Pero el mayor decidió quedarse.
»El tiempo pasó.
»Y llegó el anochecer.
»Cuando vimos que no regresaban, los hermanos decidieron ir a buscarlo. Gracias a su olfato, pudieron encontrar un rastro.
»Pero no era solamente el olor de su hermano.
»Había varios rastros.
—Emboscada... —dijeron los dos hermanos al mismo tiempo.
»Cuando llegaron al lugar, encontraron a su hermano muerto.
»Había recibido varios disparos.
»No había rastros de defensa ni de lucha.
»Entonces comenzaron a percibir olores por todas partes.
»Estábamos rodeados.
»Y las armas que tenían no eran especiales.
»Eran simples balas comunes y corrientes.
—Qué triste... Me caía bien —dijo el hijo de los cazadores mientras permanecía recargado contra un árbol—. Admito que me gustaba, pero necesitábamos deshacernos de él.
»Entonces sacó un cuchillo ensangrentado.
—Fue muy sencillo. Solo tuve que atravesarlo.
—¡¿Cómo te atreves?! —gritó Ángel.
Las palabras que salieron de su boca fueron desgarradoras.
Recuerdo que se lanzó contra él y se transformó en lobo.
Aquella noche comenzó la última pelea.
Luchamos.
Intentamos vengar a nuestro hermano, pero no pudimos.
Los cazadores nos superaban en número y, antes de marcharse, nos dejaron una amenaza que jamás olvidaría:
—¡NOS LA VAN A PAGAR!
Gael guardó silencio.
Liam lo observaba sin comprender del todo.
—Pero no entiendo... ¿qué tienes que ver tú con todo esto? —preguntó, señalándome.
—Ahora entiendo lo de los cazadores... la venganza... pero tú... —murmuró Liam, todavía confundido.
Gael permaneció en silencio.
Liam abrió los ojos de repente, como si una pieza del rompecabezas acabara de encajar.
—Es tu ex... —gritó Liam.
PD: YA EXTRAÑA ESCRIBIR Y YA ESTA EL CAPITULO AUNQUE NO ME GUSTO MUCHO TENGO UN BLOQUEO CREATIVO JEJE PERO ESPEREN LO ACTUALIZARE PARA PODER SUBIRLES EL SIGUENTE CAPITULO.
NEWS,NEWS
CALAVERITA LITERARIA : LOS VECINOS DEL MUNDO Y AL FIESTA DEL DIA DE MUERTOS
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