CAPÍTULO FINAL: SIN MÁSCARAS
OLIVIA
Cuando recibí el mensaje de Ángel, me quedé completamente sorprendida. ¿Y si la cafetería todavía no estaba preparada? ¿Y si todos los adornos seguían a medio colocar?
Antes de que pudiera seguir imaginando escenarios desastrosos, Artheet me sacudió suavemente para llamar mi atención.
—¡Mira! —exclamé, recuperándome de mis pensamientos.
Él también se sorprendió al ver lo que estaba sucediendo.
—Debemos revisar rápidamente la entrada —comenté.
—De acuerdo —respondió.
Artheet y yo corrimos hacia la entrada para comprobar cómo iban los preparativos. Sin embargo, al llegar, nos llevamos una enorme sorpresa.
¡Todo estaba listo!
La cafetería lucía exactamente como aquella vez, con sus luces, sus adornos y aquella decoración que tantos recuerdos nos traía.
—¡Muchas gracias a todos! —dije con una enorme sonrisa.
Todos parecían emocionados. Aquella noche prometía ser especial.
Y esperaba, de todo corazón, que también fuera inolvidable para nuestros dos protagonistas.
ARTHЕET
Estaba feliz por Olivia. Me alegraba saber cuánto quería a su mejor amigo y todo lo que estaba haciendo para verlo feliz.
A veces, cuando los observaba juntos, parecían hermanos. Entonces pensé que, si mi hermano y Ángel terminaban juntos, quizá Olivia y yo acabaríamos siendo algo parecido a lo que se conoce como concuñados... ¿o era de otra manera? Bueno, no importaba. ¡Lo importante era que nuestras familias terminarían unidas!
Decidí enviarle un mensaje a mi hermano para ayudarlo un poco más y asegurarme de que todo estuviera preparado.
Pero, justo en ese momento...
—Hermano, ¿qué es todo esto?
La voz que escuché a mis espaldas era suave y familiar.
Me giré y me encontré con Maleek.
¡Vaya sorpresa!
Llevaba una gorra barata, una imitación de la que utiliza Ash en Pokémon, unos jeans y una playera nueva de color beige. En el frente tenía una pequeña estampita de una Poké Ball y, en la parte trasera, estaban estampadas las evoluciones de Chikorita: Bayleef y Meganium.
—¡Wow! ¿Todo eso te compraste en el mercado? Bueno, mejor dicho, ¿en la exposición del centro? —pregunté, un poco sorprendido.
Mi hermano pareció molestarse ligeramente.
—¡Hermano, ahorré para comprarlo! —respondió.
—Bueno, bueno, no te enojes. ¡Están chidas! —contesté, levantando las manos en señal de paz.
Maleek se sonrojó un poco, aunque eso no era ninguna novedad.
Sin embargo, algo llamó mi atención.
Era el collar que llevaba Ángel. Tenía un cordón negro y un pequeño emblema de Togekiss.
¡Qué bonito detalle!
—¡Wow, Ángel! ¡Qué hermoso collar! —comenté—. ¿Cuánto te costó?
—De hecho...
Ángel comenzó a responder, pero no alcanzó a terminar su frase.
OLIVIA
—¡Wow! Es cierto, está hermoso —comenté cuando me acerqué para observar el collar.
Hasta ese momento no me había fijado demasiado en cómo iba vestido Maleek. ¡Estaba demasiado ocupada con los preparativos!
Mi amigo no dijo nada, pero pude notar que sus ojos comenzaban a hacerme señas. Primero me miraba a mí y después dirigía la mirada hacia Maleek.
Una y otra vez.
—Ohhh... Ya entiendo —murmuré, acompañando mis palabras con un guiño.
Pero entonces su expresión cambió.
Ángel comenzó a observar la cafetería. Sus ojos recorrieron cada rincón, cada adorno y cada detalle de aquella decoración que tanto recordaba de la fiesta de máscaras.
—¿Amigaaaa? —preguntó con un tono sarcástico, levantando una ceja.
—Está bien, está bien. Quería que le declararas tu amor. ¡Hasta inventé un juego! —confesé en voz baja.
—Mmm... ¿Un juego? —preguntó maliciosamente—. ¿Puedo saber de qué trata?
En cuanto escuché aquella pregunta, me puse nerviosa.
—Era... era... —balbuceé.
Mi amigo me observaba con curiosidad.
—Era una especie de juego de Verdad o Reto. Si no respondías algunas preguntas, tendría que enseñarte tus fotografías.
Ángel cruzó los brazos y me miró con seriedad.
—¿Y qué clase de fotografías son esas?
Lo tomé de la mano para acompañarlo hasta el lugar donde había preparado todo.
No le dije nada a Artheet porque, por lo que había visto antes de marcharme, estaba conversando con su hermano.
Mientras caminábamos, pude sentir que Ángel estaba algo molesto. Seguramente imaginaba que había fotografías vergonzosas suyas dentro de aquella caja o quién sabe qué otras cosas.
Cuando llegamos, se quedó sorprendido al contemplar la habitación.
Había decoraciones navideñas, rosas, corazones y pequeñas luces que iluminaban cada rincón.
—¡Wow! Amiga, me halagas, pero sabes que no te miro de esa forma —comentó con una sonrisa sarcástica.
—¡Ay, idiota! ¡Ya lo sé! —respondí, dándole un pequeño golpe en el hombro—. Somos comadres. ¡Eres mi mejor amigo gay del mundo y solo...!
Me interrumpí al recordar algo.
Abrí la caja y le mostré las fotografías.
—Son solamente las fotos que tomé...
Ángel se quedó observándolas.
—Es la fotografía de la feria, cuando me disfracé de mujer...
Su rostro comenzó a ponerse rojo de vergüenza.
—Y la segunda es de la fiesta de máscaras, cuando llevaba mi traje azul con algunas escamas. Mi amiga lo diseñó inspirándose en un pez beta, y la máscara era de color azul marino.
Lo escuché mientras observaba las imágenes con ternura.
—Era una idea tonta, lo sé —admití, un poco avergonzada.
—De hecho... creo que es una gran idea —respondió, sorprendiéndome.
—¿En serio?
—Sí. De hecho, me acabas de dar una idea.
—¿Seguro? —pregunté, confundida, porque sentía que me estaba perdiendo de algo importante.
Ángel sonrió.
—Pero no será un juego de Verdad o Reto.
—¿Entonces?
—Si vamos a hacer esto, quiero que sea de otra manera.
Lo miré, esperando que continuara.
—Está bien —dije finalmente—. Entonces, si estás dispuesto, lo haremos. El baile, o mejor dicho, la fiesta, será a las siete. Ponte nuevamente tu traje, pero esta vez sin máscaras.
—De acuerdo —respondió con una voz entusiasta.
Sonreí.
Al parecer, mi amigo tenía un plan propio.
Y eso me gustaba.
OLIVIA
AL PASAR EL TIEMPO...
Poco a poco, la cafetería volvió a llenarse de vida. Los clientes comenzaron a llegar vestidos con diferentes atuendos, vestidos y trajes, cada uno con su propio estilo.
La jefa tampoco se quedó atrás.
Llevaba un hermoso vestido color salmón, de corte halter y con detalles de volantes, acompañado de unas zapatillas azul marino con lentejuelas plateadas.
¡Se veía espectacular!
—¡Bien, chicos! ¡Que comience la fiesta! —anunció.
En cuanto terminó de pronunciar aquellas palabras, la música comenzó a sonar.
Todos se veían increíbles.
Yo tampoco me había quedado atrás. Llevaba mi traje amarillo con estampados de leopardo. Según el chico que lo confeccionó, se había inspirado en aquel hermoso animal.
¡Y la verdad es que había quedado genial!
Artheet también llevaba su traje. Él se había inspirado en las sirenas, aunque, en su caso, había elegido representar a los tritones. Su atuendo era de un hermoso color azul platinado, con pequeñas escamas que le daban un aspecto espectacular.
Me acerqué para acomodarle el cuello.
—Te ves increíble —comenté.
Me sonrojé un poco al contemplarlo.
—No puedo creer que aquel día estuviera tan ciega y no me diera cuenta de que tú eras el mismo chico.
—¿En serio? —exclamó sorprendido—. ¡Yo pensaba que éramos muy obvios!
—¡Pues no! —respondí, negando con la cabeza.
Ambos soltamos una pequeña carcajada.
Entonces vi que mi amiga había llegado.
¡Era el momento!
Me acerqué a la cabina de música y cambié la canción.
Comenzó a sonar Moonlight, de la serie tailandesa The Next Prince, protagonizada por Zee y NuNew.
Sabía que a mi amiga le encantaba aquella serie y que también le gustaba muchísimo esa pareja. De hecho, gracias a mi novio, me había enterado de que su hermano compartía ese gusto.
Así que no podía haber elegido una canción mejor.
Las luces comenzaron a enfocarse en ellos.
Maleek llevaba su traje, o mejor dicho, un hermoso kimono rojo con figuras de dragones.
Y Ángel...
Bueno, estaba a punto de vivir algo que seguramente jamás olvidaría.
ÁNGEL
Me sentía como si estuviera dentro de un cuento de hadas.
Maleek se veía guapísimo con aquel kimono rojo, inspirado en un dragón glorioso, misterioso y fuerte.
No podía dejar de mirarlo.
—Gracias por el collar —comenté, un poco avergonzado.
—De nada. Te queda muy bien —respondió mientras intentaba encontrar mi mirada.
Después, observó el pequeño emblema.
—¿En serio es tu Pokémon favorito?
—No. Hay muchos que me gustan, pero Togekiss ocupa el segundo lugar —contesté, manteniendo la mirada baja.
—Entonces... ¿cuál es el primero?
No supe qué responder.
Antes de que pudiera decir algo, escuché su voz nuevamente.
—Levanta la mirada —murmuró.
Obedecí lentamente.
Y entonces vi sus ojos color miel.
Me quedé completamente hipnotizado.
Tragué saliva.
De pronto, algo hizo clic en mi cabeza.
Aquel joven enmascarado de la fiesta...
El mismo que me había besado aquella noche...
¡Era él!
¡Maleek era el chico de la máscara!
Lo solté de inmediato y me aparté.
—¡Ángel! ¡Ángel! —escuché que alguien me llamaba.
No sabía quién estaba gritando, pero tenía las mejillas completamente rojas. No quería que nadie me viera en aquel estado.
Me alejé rápidamente hasta llegar al almacén.
Una vez allí, apoyé las manos sobre mis rodillas y respiré profundamente.
¡Dios mío!
¡Lo había besado!
—¡Ángel! —escuché nuevamente.
Era Olivia.
—¿Estás aquí?
No pude contenerme más. Salí de repente y corrí a abrazarla.
—Lo besé —susurré.
—¿¡QUÉ!? —preguntó, abriendo los ojos.
—Lo besé —repetí, esta vez un poco más alto.
—¿¡QUÉEEEE!? ¿¡CÓMO!? ¿¡CUÁNDO!? ¿¡DÓNDE!? —gritó.
—¡Ya viste su traje! —respondí, todavía avergonzado—. No me digas que no recuerdas que aquella noche, en la fiesta de máscaras, él me besó.
—¿En serio fue un beso? —preguntó, intentando recordar.
—Bueno, es cierto que no me acuerdo de todos los detalles, pero de que hubo beso, ¡hubo beso! —respondí, todavía más apenado.
Olivia me miró con una sonrisa traviesa.
—Y dime... ¿besa bien?
—¡¡¡Cállate!!! —grité, completamente sonrojado.
Mi amiga soltó una carcajada.
—Bueno, entonces regresemos.
—¡Nooooo! —supliqué, casi de rodillas—. ¡Me da vergüenza! ¿Qué va a pensar ahora? ¿Que ya no lo quiero? ¿Que no lo amo? ¿Que no quiero nada con él? ¿Y si piensa que lo estoy rechazando? ¡Por lo que sé de su cultura, quizá interprete mi comportamiento como un rechazo definitivo y ya no vuelva a intentarlo!
Olivia me miró con una expresión de absoluta paciencia.
—Ángel...
—¿Qué?
—¡Reacciona de una vez!
Antes de que pudiera responder, me dio una pequeña cachetada.
—¡Auch! ¿¡Era necesario!?
—Bueno, tal vez exageré un poquito... —respondió, tocándose el cabello y sacando la lengua—. Pero es que en las películas siempre lo hacen y quería comprobar si era cierto.
La miré indignado.
—¡Olivia!
—En fin, contrólate, mujer. Tenemos algo que hacer y no pienso dejar que tus nervios arruinen nuestros planes.
No tuve oportunidad de protestar.
Mi amiga me tomó de la mano y prácticamente me arrastró de regreso.
Una vez en la cafetería, se dirigió directamente a la cabina y tomó un micrófono.
La música se detuvo.
Todos comenzaron a prestar atención.
—¡Bienvenidos a todos! —anunció—. Solo quiero agradecerles por acompañarnos y por formar parte de esta fiesta llamada SIN MÁSCARAS.
Hizo una pequeña pausa.
—Para terminar esta celebración, tenemos un juego especial que estrenarán dos personas. ¿Quieren saber quiénes son?
—¡¡¡SÍÍÍ!!! —respondió el público.
Desde donde estaba, le hice señas a Olivia para que se detuviera. Quería que abandonara el plan antes de que fuera demasiado tarde.
Pero parecía no entenderme.
—Ellos son... —continuó, haciendo una pausa dramática—. ¡MALEEK Y ÁNGEL!
El público comenzó a aplaudir.
—¡Adelante! Pasen a la cabina oscura.
Agaché la cabeza.
¡No podía creerlo!
Nos dirigimos hacia el mismo salón que Olivia me había mostrado anteriormente, aquel decorado con rosas, corazones y pequeñas luces.
Al entrar, Maleek observó todo con curiosidad.
—¡Wow! Tu amiga realmente se inspiró. Solo tengo una pregunta... ¿para quién es todo esto?
—Ah... No lo sé —mentí, mientras comenzaba a frotarme las manos para disimular mis nervios.
Entonces vi algo sobre la mesa.
Un sobre.
—Mira, hay un sobre —comenté rápidamente.
Maleek se acercó y leyó lo que estaba escrito.
—¿Juego de verdad?
Lo tomó y lo abrió.
Dentro encontró una hoja en la que solamente aparecía una palabra:
VERDAD.
También había una pequeña llave.
—Bien, veamos... —murmuró.
Observó la llave y después dirigió su mirada hacia una caja que estaba sobre la mesa.
—Es como el juego de Verdad o Reto, ¿correcto? Y supongo que, si ninguno de los dos responde, el castigo estará dentro de esta caja. Bueno, entonces... ¿quién empieza? ¿Tú o yo?
—¡Aaaah! —fue lo único que conseguí decir.
Maleek soltó una pequeña risa.
—Mmm... Está bien. Yo primero.
Su voz cambió.
Me miró directamente a los ojos.
—Quiero preguntarte algo.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Tú eres el chico de aquella fiesta de máscaras? ¿Y también eres el mismo que conocí en la feria?
Me quedé congelado.
En mi cabeza solo podía repetir una pregunta:
¿¡CÓMO DIABLOS SE ENTERÓ!?
Miles de pensamientos comenzaron a cruzar por mi mente. Intentaba recordar en qué momento me había equivocado, qué había dicho o qué gesto me había delatado.
Pero no encontraba ninguna respuesta.
—¿Quieres saber cómo lo descubrí? —preguntó.
No pude responder.
Estaba demasiado nervioso.
Sentía miedo. Pánico.
Maleek se acercó lentamente.
—Fue cuando me hiciste aquella pregunta hipotética. Ahí lo supe.
Hizo una pausa.
—Y quiero...
Se detuvo por un instante, como si estuviera buscando las palabras adecuadas.
Yo agaché la cabeza.
Sentí cómo las lágrimas comenzaban a resbalar por mis mejillas.
MALEEK
Desde el día de la feria había querido encontrarlo.
No podía olvidar aquella primera vez que lo vi. Recordaba perfectamente cómo lo había defendido de aquellos hombres borrachos que querían hacerles daño a él y a Olivia.
Al principio, debo admitirlo, pensé que era una chica por su disfraz. Pero no fue eso lo que me hizo interesarme en él.
De hecho, creo que a ambos nos hacía falta un poco de práctica con nuestros disfraces.
Sonreí al recordar aquello.
—Desde aquel día quería encontrarte —comencé a decir mientras caminaba lentamente hacia él—. No fue porque pensara que eras una mujer. Simplemente, tu disfraz no ayudaba mucho a descubrirlo.
Ángel no levantaba la mirada.
—Debo admitir que al principio quería molestarte. Pero, conforme pasaba el tiempo, cada vez sentía más curiosidad por conocerte.
Me detuve frente a él.
Quería verlo a los ojos.
Con suavidad, coloqué una mano bajo su barbilla para levantarle el rostro, pero lo mantuvo firme, evitando mi mirada.
Noté que estaba nervioso.
No quería obligarlo.
Así que continué hablando.
—Y ese día del regalo...
Ángel comenzó a hablar, pero su voz se quebró.
—¿Por qué...?
—Ese día todavía estaba confundido porque no sabía si realmente eras tú. Entré en pánico y actué por impulso. Sé que no fue la mejor manera de hacerlo —expliqué, algo avergonzado—. Pero después llegó el baile de máscaras.
Hice una pausa.
—Y cuando volví a verte con aquel traje...
Lo miré con ternura.
—Me enamoré profundamente de ti.
Ángel finalmente levantó la mirada.
—Quería saber si realmente eras tú. Tenía todas las piezas del rompecabezas, pero necesitaba escucharlo de tus propios labios. Ya lo sabía, Ángel. Solo quería que tú me lo confirmaras.
Me acerqué un poco más.
—No quiero seguir escondiéndome detrás de una máscara ni que tú tengas que hacerlo. Quiero conocerte de verdad, sin disfraces, sin secretos y sin tener que buscarte entre la multitud.
Tomé suavemente sus manos.
—Porque, aunque al principio todo comenzó como una simple curiosidad, ahora sé que lo que siento por ti es mucho más grande.
Respiré profundamente.
—Ángel, me gustas. Me gustas muchísimo. Y si me lo permites, quisiera seguir conociéndote, estar contigo y descubrir todo lo que todavía nos falta vivir.
Por primera vez, aquella noche no tenía miedo de mostrar lo que sentía.
Ya no había máscaras que ocultaran mis emociones.
Solo estaba él y yo.
ÁNGEL
No sabía qué responder.
Había imaginado muchas veces cómo sería aquel momento, pero jamás pensé que Maleek terminaría confesándome sus sentimientos de aquella manera.
Lo miré.
Sus ojos color miel parecían transmitir todo aquello que sus palabras no podían expresar.
Y entonces comprendí algo.
No importaba cuánto tiempo hubiera pasado buscando al chico detrás de aquella máscara. Lo tenía frente a mí desde hacía mucho más tiempo de lo que imaginaba.
—Maleek... —murmuré.
No pude continuar.
Él tomó mis manos con delicadeza y esperó mi respuesta.
—Yo también... —comencé, intentando controlar mi voz—. Yo también quiero conocerte. Pero esta vez sin máscaras.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Se acercó lentamente y, antes de que pudiera decir algo más, me besó.
Sus labios eran suaves y cálidos.
Por un instante, todo lo que había a nuestro alrededor desapareció.
No había música, ni personas, ni fotografías, ni cajas misteriosas.
Solo estábamos nosotros dos.
Sin embargo, aquel momento tan especial duró poco.
Desde el centro de la cafetería comenzaron a escucharse gritos y aplausos ensordecedores.
Nos separamos lentamente.
Maleek sonrió mientras me observaba.
—Tus besos están salados —comentó con una sonrisa traviesa.
—¡Pues estaba llorando! ¿Qué esperabas? —respondí, intentando secarme las lágrimas.
Ambos comenzamos a reír.
Y, por primera vez en mucho tiempo, no sentí la necesidad de esconder mi rostro.
Cuando salimos de aquella pequeña habitación, todos comenzaron a aplaudirnos.
Olivia estaba esperándonos junto a Artheet.
Mi amiga se acercó rápidamente y me abrazó con fuerza. Artheet también se unió al abrazo.
Entre risas y emoción, ambos se acercaron a nosotros y susurraron:
—Bienvenido, cuñado.
Me quedé completamente rojo.
Miré a Maleek, quien tampoco pudo evitar sonreír.
Y entonces comprendí que aquella noche no había terminado con una simple confesión.
Había comenzado algo nuevo.
Una historia que ya no necesitaba máscaras para existir.
















