Después de aquellos acontecimientos, la estatua que se nos presentó era bastante aterradora. Representaba dos bandos: unos eran licántropos en su forma completamente animal, mientras que los otros tenían la misma apariencia que Tobu y Brayan cuando se transformaban. Hablo del típico hombre lobo que camina sobre dos piernas: hocico de lobo, orejas puntiagudas, garras filosas y un cuerpo cubierto de pelaje.
Pero antes de que pudieran explicarnos el significado de aquella estatua, Gael volvió a mirarnos.
GAEL
—Yo conocí a Ángel, Tobu y Warren hace unos años —comentó aquel chico—. Fue durante una persecución.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Verán, al igual que ellos, yo también fui maldecido por mi padre. Él era un hombre serio, pero el poder era su verdadera ambición. Según la tradición, mi familia había nacido con este "don". Mi abuelo y mi padre querían utilizarlo para que la justicia prevaleciera, pero, para conseguirlo, pretendían que todos los demás los reconocieran como sus reyes.
»Los demás se negaron.
»Yo apenas era un adolescente cuando todo comenzó a caer a la borda. Mi familia sabía que se acercaba la luna llena, así que me encerraron en una celda esperando el momento de mi transformación. Me habían esposado y apenas me daban comida. Lo más probable era que, al transformarme, mi hambre se volviera mucho más intensa.
»Mi padre quería utilizarme para provocar el pánico.
»Al llegar la noche, recuerdo que un guardia me llevó hasta el centro del palacio. Las cadenas fueron sujetadas a un par de pilares que se encontraban allí. Podía sentir cómo mi hambre aumentaba poco a poco.
»Entonces comenzaron a sonar los tambores.
»De pronto, un par de esclavos vestidos con túnicas iluminaron el lugar con antorchas. Y fue entonces cuando lo vi.
»Mi padre apareció frente a mí. Vestía una capa roja, algo anticuada para ser honesto, parecida a los atuendos que utilizaban los antiguos reyes. El color era rojo como la sangre. A su lado había un pequeño cordero amarrado con un lazo.
»La luna ya estaba en posición.
»Los tambores comenzaron a sonar con más fuerza.
—¡Dios de la Luna! —gritó mi padre a los cuatro vientos, mirando hacia el cielo—. ¡Permite transmitirle este don a mi hijo!
—¡No lo acepto! —respondí cuando terminó la frase.
Pero mi esfuerzo fue inútil.
Vi cómo mi padre sacaba un cuchillo mientras el sirviente dejaba al pequeño cordero en el suelo.
—No lo hagas...
—Acepta esta ofrenda y haz que mi hijo reciba esta hermosa bendición.
Cuando terminó la oración, escuché el último balido del pobre cordero.
Su sangre comenzó a dispersarse por el suelo, formando un círculo que, al parecer, tenía la silueta de un lobo.
Sonó el último tambor.
Mi padre se quedó completamente en silencio, mirando hacia la luna.
Entonces el miedo comenzó a apoderarse de mí.
Era la misma sensación que tendría una presa al sentirse observada por un depredador.
Algunos de los seguidores comenzaron a dispersarse, pero la mayoría permaneció allí.
Mi padre empezó a quejarse levemente.
Entonces sucedió.
De sus pies comenzaron a surgir garras. Su cuerpo empezó a cubrirse de pelo. Sus orejas cambiaron de forma y su boca comenzó a alargarse hasta convertirse en el hocico de una bestia.
Todo su cuerpo estaba cambiando.
Finalmente, aquel monstruo levantó la cabeza.
Sus ojos se clavaron directamente en mí.
Intenté escapar.
Tiré de las cadenas con todas mis fuerzas, pero era demasiado tarde.
Mi padre se abalanzó sobre mí.
—¿Esa mordida te la hizo tu padre? —preguntó Liam, señalando las cicatrices que tenía: una en el pecho y otra en el hombro.
—Sí... así es —respondí, bajando la mirada—. Él me hizo esto.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
—Después de eso... la bestia en la que me convertí era terrible. Aquella noche perdí completamente el control. Cuando amaneció, solo pude ver las consecuencias.
»Había casas quemadas. Algunos cadáveres estaban tirados en las calles y otros habían sido desmembrados.
»Ese día me arrepentí por completo.
»Cuando fui a enfrentar a mi padre por lo que me había hecho, esperaba encontrarme con un hombre arrepentido.
»Pero no fue así.
»Mi padre me estaba mirando con alegría.
»Y entonces comprendí por qué.
»Los aldeanos sobrevivientes me esperaban. Mi propio padre les dijo que yo era el monstruo que los había atacado durante la noche.
»El hombre en quien yo confiaba me había convertido en aquello.
»Así que decidí vengarme.
—¿Y lo hiciste? —preguntó Liam.
—Como sabrás, sí.
»Fue una pelea brutal. Mi padre perdió y yo gané. Pero no contaba con que él hubiera preparado un plan B.
»Había creado a los cazadores que ustedes ya conocen.
Gael miró fijamente a Liam.
—¿Pero cómo? —preguntó Liam, sorprendido—. ¿No se supone que todo eso ocurrió hace muchísimos años?
—Sí —respondí—. Pero recuerda que esto pasa de generación en generación.
—Entiendo... —contestó Liam con una voz agridulce.
Gael respiró profundamente antes de continuar.
—Con el paso del tiempo, aquellos cazadores comenzaron a perseguirme sin descanso ni misericordia. Una noche estuvieron a punto de matarme, pero entonces los tres hermanos lobo me rescataron de aquel cruel destino.
»Ángel, Tobu y Warren me ayudaron. Mataron a varios de los cazadores que me habían seguido y, después, les conté cómo había llegado a convertirme en esto.
»Ellos me explicaron que su historia era diferente a la mía. En su caso, también había sido su padre quien los había condenado.
»Después del rescate, las noticias no tardaron en llegar. Habíamos acabado con muchos cazadores, pero eran demasiados.
»Así que decidimos ocultarnos.
»Cambiamos nuestras identidades para evitar que nos encontraran. Ángel conservó su nombre, aunque cambió sus apellidos. Warren pasó a llamarse Darren Volour. Tobu... creo que se cambió el nombre por Lucifer, aunque no estoy seguro. Tal vez solo cambió sus apellidos.
»Mientras intentábamos descubrir cómo derrotar a los cazadores, ocurrió algo que no esperaba.
»Poco a poco, sin darme cuenta, empecé a sentir algo por Ángel.
Gael sonrió ligeramente.
—Era valiente, protector y honesto. Pero, sobre todo, siempre protegía a los suyos.
»Una tarde estábamos preparando un plan que creíamos brillante.
»Hasta que él llegó.
—¿Quién llegó? —preguntó Liam, entusiasmado.
Gael lo miró por un instante.
—Como sabes, una amistad puede crecer hasta convertirse en algo más. Y eso fue lo que ocurrió entre Ángel y yo.
»Pero un día, cuando estábamos juntos, un cazador se interpuso entre nosotros.
»Era el hijo de aquellos cazadores que ustedes conocen.
»Sin embargo, había algo diferente en él.
»Sabía que lo que su familia estaba haciendo estaba mal y estaba dispuesto a ayudarnos a detenerlos.
»Estábamos desesperados y asustados. No sabíamos que todo aquello formaba parte de un plan.
»Warren y yo desconfiábamos de él, pero no teníamos muchas opciones. Gracias a él descubrimos que estaban reclutando gente para preparar un ataque final.
»Decidimos preparar un contraataque, aunque teníamos que pensarlo cuidadosamente.
»Durante nuestros viajes conocimos a otras personas como nosotros. Algunos también habían sido perseguidos y cazados.
»Pero quedaban muy pocos.
»Pasaron las semanas y los meses. Todo parecía estar en orden, aunque ninguno de nosotros se sentía realmente tranquilo.
»Hasta que una noche aquel hombre nos dijo que tenía que regresar para comprobar cómo estaba la situación. Seguramente los demás comenzarían a preguntarse dónde estaba.
»Warren decidió acompañarlo.
»Los otros hermanos también quisieron ir para asegurarse de que nada le sucediera.
»Pero el mayor decidió quedarse.
»El tiempo pasó.
»Y llegó el anochecer.
»Cuando vimos que no regresaban, los hermanos decidieron ir a buscarlo. Gracias a su olfato, pudieron encontrar un rastro.
»Pero no era solamente el olor de su hermano.
»Había varios rastros.
—Emboscada... —dijeron los dos hermanos al mismo tiempo.
»Cuando llegaron al lugar, encontraron a su hermano muerto.
»Había recibido varios disparos.
»No había rastros de defensa ni de lucha.
»Entonces comenzaron a percibir olores por todas partes.
»Estábamos rodeados.
»Y las armas que tenían no eran especiales.
»Eran simples balas comunes y corrientes.
—Qué triste... Me caía bien —dijo el hijo de los cazadores mientras permanecía recargado contra un árbol—. Admito que me gustaba, pero necesitábamos deshacernos de él.
»Entonces sacó un cuchillo ensangrentado.
—Fue muy sencillo. Solo tuve que atravesarlo.
—¡¿Cómo te atreves?! —gritó Ángel.
Las palabras que salieron de su boca fueron desgarradoras.
Recuerdo que se lanzó contra él y se transformó en lobo.
Aquella noche comenzó la última pelea.
Luchamos.
Intentamos vengar a nuestro hermano, pero no pudimos.
Los cazadores nos superaban en número y, antes de marcharse, nos dejaron una amenaza que jamás olvidaría:
—¡NOS LA VAN A PAGAR!
Gael guardó silencio.
Liam lo observaba sin comprender del todo.
—Pero no entiendo... ¿qué tienes que ver tú con todo esto? —preguntó, señalándome.
—Ahora entiendo lo de los cazadores... la venganza... pero tú... —murmuró Liam, todavía confundido.
Gael permaneció en silencio.
Liam abrió los ojos de repente, como si una pieza del rompecabezas acabara de encajar.
—Es tu ex... —gritó Liam.
PD: YA EXTRAÑA ESCRIBIR Y YA ESTA EL CAPITULO AUNQUE NO ME GUSTO MUCHO TENGO UN BLOQUEO CREATIVO JEJE PERO ESPEREN LO ACTUALIZARE PARA PODER SUBIRLES EL SIGUENTE CAPITULO.









