Creador de novelas, cuentos, poemas y En ocasiones daré mis opiniones o reseñas
lunes, 24 de agosto de 2026
LO QUE PARA MI ES SER ORIGINAL
Hola a todos cómo están espero disfruten cada uno de mis cuentos y recomendaciones. también estoy orgulloso de ser parte de la comunidad LGBT, Quiero enseñar a todos con mis cuentos sobre la aceptación y parar la homofobia, pues todos somos iguales, debemos respetarnos pues la homosexualidad no es una enfermedad si no todo lo contrario
miércoles, 19 de agosto de 2026
EL FLAMENCO GEMINUS: UNION DE HERMANOS (SEMIPENULTIMO CAPITULO)
ANA
Después de aquella noticia que me había dado el doctor, fui inmediatamente a buscar a mi hermano a su casa. Necesitaba encontrarlo, hablar con él, asegurarme de que estuviera bien.
Pero no encontré ningún rastro de él.
Solo había una cosa sobre la mesa.
Una carta.
Y llevaba mi nombre.
La tomé con las manos temblorosas y comencé a leer.
Querida hermana:
Si estás leyendo esto, es porque ya no me siento bien.
Tal vez, si hubiera comprendido mejor a nuestro padre, las cosas serían diferentes. Quizá no estaría así de grave ni habría terminado teniendo tantos problemas con el alcohol.
Perdóname.
Te quiero, hermanita.
—¡No! —grité con todas mis fuerzas.
Sentí que el corazón se me detenía.
Había demasiados lugares donde mi hermano podía estar. Y si aquella carta significaba lo que yo pensaba...
No podía perder tiempo.
Tenía que encontrarlo antes de que hiciera una locura.
Entonces recordé un pequeño lugar al que mi padre y mi hermano solían ir cuando eran incapaces de hablar en casa. Era un sitio tranquilo, lejos de todos. Allí mi padre le daba consejos cuando tenían alguna discusión, o simplemente se sentaban a hablar.
El lago Vernasi.
Salí corriendo hacia allí.
Pero, cuando estaba a punto de continuar mi camino, un automóvil blanco apareció de la nada y se detuvo frente a mí, bloqueándome el paso.
—¡Quítate! ¡Estúpido! —grité desesperada.
El conductor no bajó la ventanilla.
Tampoco escuché que arrancara.
Miré hacia los lados, buscando alguna manera de rodearlo.
No me importaba si querían robarme. No me importaba nada.
El tiempo estaba corriendo.
No sabía si mi hermano ya estaba a punto de morir.
Tal vez había saltado al lago con algo pesado atado al cuerpo.
Tal vez tenía una soga alrededor del cuello.
Tal vez llevaba un arma.
—¡QUÍTATEEE! —volví a gritar.
Nada.
Entonces observé el capó del automóvil.
Había una pequeña abreviatura que reconocí.
Di seis pasos hacia atrás para tomar impulso y, justo cuando estaba a punto de correr, vi cómo la ventana del copiloto comenzaba a bajar lentamente.
—¡Por favor! —dije con lágrimas en los ojos.
Mi voz se quebró.
—Déjame rescatar a mi...
Me quedé en silencio.
Mis palabras desaparecieron cuando vi quién estaba dentro.
Arthet.
Sus ojos se encontraron con los míos. Se veía alterado, preocupado... casi tan desesperado como yo.
Sin decir nada, abrió la puerta del copiloto.
—Tu amigo me llamó. Ya me contó todo —dijo con una voz suave—. Tendremos tiempo para hablar después. Ahora sube. Vamos a encontrar a tu hermano.
No tenía tiempo para discutir.
Subí al automóvil sin pensarlo.
—Bien... —respondí con la voz quebrada—. ¿Dónde? ¿En qué parte? ¿Cuándo? ¿Por dónde empezamos a buscarlo?
—¿Tienes alguna idea de dónde podría estar?
—Lago Vernasi —respondí inmediatamente.
Arthet no hizo más preguntas.
Tomó la palanca, encendió el automóvil y comenzó a conducir a toda velocidad.
Durante el trayecto, ninguno de los dos habló.
Él mantenía la mirada fija en el camino, pero entonces sentí algo.
Su mano tomó la mía.
Era suave y cálida.
Al principio me sorprendí, pero no la aparté.
Sentí que poco a poco mi respiración comenzaba a tranquilizarse.
De vez en cuando, Arthet apretaba mi mano.
Quizá había notado que estaba temblando.
Quizá simplemente quería recordarme que no estaba sola.
Pero yo solo podía pensar en una cosa.
Mi hermano.
HERMANO DE ANA
Venía aquí con mi padre cuando era niño.
Este lugar siempre había sido especial para nosotros.
Aquí me daba consejos.
Aquí me decía que estaba haciendo las cosas bien.
Aquí podía hablar con él sin sentir que el resto del mundo existía.
Pero entonces crecí.
Llegó mi etapa rebelde.
Conocí a personas que creí que eran mis amigos.
Y ellos terminaron traicionándome.
Por su culpa terminé en la cárcel por un crimen que yo no había cometido.
Mi autoestima cayó hasta lo más profundo.
Y cuando salí, lo único que podía ver en los ojos de mi padre era decepción.
Sentía que me miraba como si yo fuera un simple error en su vida.
Quizá tenía razón.
Quizá todo había sido culpa mía.
Me encontraba en la orilla del puente, mirando el lago.
Una soga rodeaba mi cuello y estaba atada a cinco ladrillos.
Miré hacia abajo.
El agua parecía tranquila.
Demasiado tranquila.
No dejaba de pensar en todo el daño que había causado.
En mi padre.
En mi hermana.
En todo lo que había destruido.
Las lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas.
—Lo siento... —susurré.
Poco a poco subí al barandal del puente.
Levanté la mirada hacia la luna.
Era hermosa.
Quizá sería la última vez que la vería.
Entonces escuché un automóvil acercándose a toda velocidad.
El sonido de los neumáticos contra el camino.
Un frenazo.
Una puerta abriéndose.
Y entonces la vi.
Ana.
Mi hermana.
Había llegado.
—Perdóname... —dije con la voz quebrada.
Y solté los ladrillos.
Por un instante alcancé a verla estirar las manos hacia mí.
Después...
Nada.
Solo escuché mis propios pensamientos.
El aire comenzó a faltarme.
Sentí el agua entrar en mis pulmones.
Era una sensación horrible.
Quizá ese era mi castigo.
Intenté luchar.
Intenté respirar.
Pero cada vez escuchaba menos.
Los gritos se volvieron distantes.
La voz de mi hermana desapareció.
Y finalmente...
Solo quedó el silencio.
ANA
—¡HERMANO!
Corrí hacia él.
—¡Eres un estúpido! ¿Cómo pudiste hacer esto?
No sabía si estaba llorando de miedo, de rabia o de alivio.
Solo sabía que tenía que salvarlo.
—¡Ayúdenme! ¡Llévenlo al hospital!
TRES SEMANAS DESPUÉS
Habían pasado tres semanas desde aquella noche.
Tres semanas de miedo.
Tres semanas esperando que mi hermano despertara.
Finalmente, los médicos lograron salvarlo.
Pero cuando llegamos al hospital aquella noche, mientras mi hermano era llevado a urgencias, recibí otra noticia.
Mi padre había muerto.
Sentí que el mundo volvía a derrumbarse.
Después de todo lo ocurrido, enterramos a mi padre junto a mi madre.
Ella había muerto años atrás en un accidente en el que mi padre estuvo involucrado.
Él nunca pudo perdonarse lo sucedido.
Se culpó durante años.
Y poco a poco cayó en el alcohol.
Quizá por eso siempre decía que quería volver a estar con ella.
Ahora, finalmente, estaban juntos otra vez.
Cuando mi hermano despertó, tuve que contarle todo.
No fue fácil.
Pero necesitaba saberlo.
Y, después de perder a nuestros padres, solo pude pedirle una cosa.
—No me dejes sola.
Mi hermano me miró en silencio.
Entonces me abrazó.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que no tenía que enfrentar aquello completamente sola.
Después de todo lo ocurrido, me mudé con él.
Arthet y yo también tuvimos que hablar.
Había demasiadas cosas pendientes entre nosotros.
Al final, logramos reconciliarnos.
Pero ambos sabíamos que aquello no era el final.
Todavía teníamos algo que hacer.
Algo que descubrir.
Algo que enfrentar.
Y esta vez...
lo haríamos juntos.
Hola a todos cómo están espero disfruten cada uno de mis cuentos y recomendaciones. también estoy orgulloso de ser parte de la comunidad LGBT, Quiero enseñar a todos con mis cuentos sobre la aceptación y parar la homofobia, pues todos somos iguales, debemos respetarnos pues la homosexualidad no es una enfermedad si no todo lo contrario
domingo, 16 de agosto de 2026
LO HAGO POR MI
Lo hago por mí.
Y pase lo que pase…
lo haré por mí.
SORPRESA 🫢
Hola a todos cómo están espero disfruten cada uno de mis cuentos y recomendaciones. también estoy orgulloso de ser parte de la comunidad LGBT, Quiero enseñar a todos con mis cuentos sobre la aceptación y parar la homofobia, pues todos somos iguales, debemos respetarnos pues la homosexualidad no es una enfermedad si no todo lo contrario
miércoles, 12 de agosto de 2026
QUIEN ME TRANSFORMO: LA HISTORIA DE LOS LOS TRES HERMANOS LOBOS(parte 1)
ÁNGEL
Perspectiva
A la mañana siguiente, abrí los ojos lentamente.
—Ahh... ¿qué me pasó? —murmuré mientras me llevaba una mano a la cabeza.
Sentía un dolor punzante detrás de los ojos. Intenté incorporarme, pero un mareo me obligó a detenerme.
Estaba cubierto con una cobija y apenas recordaba cómo había llegado hasta aquella cueva.
Entonces escuché una voz.
—Estás a salvo.
Giré la cabeza.
Liam estaba sentado cerca de mí. Llevaba un pijama y tenía los ojos ligeramente llorosos. Un vendaje cubría una de sus piernas.
—¿Cómo llegué aquí? —pregunté confundido—. ¿Por qué estás en pijama? ¿Qué hace Alan aquí? Y...
Las preguntas comenzaron a salir de mi boca una detrás de otra.
Entonces recordé.
—¡LOS CAZADORES!
—Logramos rescatarte —respondió Liam con suavidad—. Pero él...
No terminó la frase.
Su mirada se dirigió hacia la entrada de la cueva.
Allí había alguien.
Una figura permanecía inmóvil entre las sombras. Su rostro apenas podía distinguirse bajo la tenue luz que entraba desde el exterior.
Al principio no lo reconocí.
Pero entonces algo dentro de mí hizo clic.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Qué haces tú aquí? —exclamé.
La figura dio un paso hacia nosotros.
—Vine hace unos días. Solo quería advertirte sobre los cazadores.
Su voz era tranquila, demasiado tranquila.
Luego miró a Liam.
—Y ya es hora de que les cuentes la verdad.
Liam bajó la mirada.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Finalmente suspiró.
—Creo que tienes razón.
Se puso de pie con dificultad.
—Bien... les contaré toda la verdad.
Me quedé observándolo.
No sabía qué estaba a punto de escuchar.
Pero, por alguna razón, sentí que aquella historia cambiaría todo lo que creía saber sobre mi familia.
Liam respiró profundamente.
—Hace mucho tiempo existió un pueblo llamado Liki.
Su voz cambió.
Ya no parecía estar hablando de una simple historia.
Parecía estar recordando una pesadilla.
—Era un lugar tranquilo y pacífico. Allí vivía una familia muy conocida. La madre se llamaba Girasol. Era una mujer elegante, de cabello largo y negro, ojos color miel y piel morena. Trabajaba en una panadería y salía de casa desde muy temprano hasta el atardecer.
Hizo una pausa.
—El padre era un simple minero. Un hombre valiente, humilde e inteligente. Sin embargo, pasaba mucho tiempo trabajando y, algunas veces, sus hijos apenas podían verlo.
Sentí un extraño escalofrío.
—La familia tenía tres hijos.
Liam levantó tres dedos.
—El mayor era Waylen. Un chico tranquilo y pacífico, aunque tenía un carácter fuerte. El segundo era Orson. Alegre, divertido y aparentemente humilde, pero en el fondo se sentía el más débil de los tres.
Hizo una pausa.
—Y por último estaba Ángel.
La cueva quedó en silencio.
Sentí que todos me miraban.
—Ángel era tranquilo... pero también travieso. Siempre quería demostrar que podía ser mejor que los demás.
No pude evitar fruncir el ceño.
¿Por qué aquella historia se parecía tanto a mí?
Liam continuó.
—Una noche, tres personas misteriosas llegaron a la aldea.
Los aldeanos, acostumbrados a recibir viajeros, les dieron la bienvenida.
Pero aquellos extraños no dijeron una sola palabra.
Vestían largas túnicas que ocultaban casi por completo sus rostros.
De los tres, el que parecía ser el líder caminaba en medio. Tenía varias cicatrices en el rostro, como si hubiera sobrevivido a una pelea brutal.
El que estaba a su izquierda tenía una mano completamente quemada y era ciego de un ojo.
El tercero era diferente.
Según algunos aldeanos, parecía distraído. Otros aseguraban que era sordo.
Y hubo quienes comenzaron a murmurar que era un brujo.
Pero nadie les prestó demasiada atención.
Hasta que comenzaron a ocurrir cosas extrañas.
Primero desaparecieron algunos cerdos.
Después, varias vacas.
Días más tarde, encontraron los restos de algunos animales en el bosque.
Habían sido devorados.
Entonces comenzaron los aullidos.
Todas las noches.
Al principio eran lejanos.
Después comenzaron a escucharse cada vez más cerca.
La gente empezó a tener miedo.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse, los aldeanos cerraban las ventanas, aseguraban las puertas y apagaban las luces.
Porque algo había comenzado a acechar Liki.
Algo que no pertenecía a aquel mundo.
Una tarde, los tres hermanos jugaban en el bosque.
Su juego favorito se llamaba El Lobo.
Era parecido a un juego infantil en el que uno de ellos debía esconderse y los otros tenían que encontrarlo.
Pero existía una única regla:
No dejarse atrapar por el lobo.
Aquella tarde, sin embargo, el juego dejó de ser un juego.
Uno de los hermanos desapareció.
Waylen y Orson comenzaron a buscarlo desesperadamente.
No dijeron nada a sus padres.
Tampoco avisaron a los aldeanos.
No querían preocupar a nadie.
Pero cayó la noche.
Los sonidos del bosque comenzaron a cambiar.
Los animales salvajes se acercaban cada vez más.
Los hermanos decidieron regresar y continuar la búsqueda al día siguiente.
Entonces...
—¡Espera!
Waylen se detuvo.
Junto al río, justo donde habían pasado minutos antes, había alguien tendido en el suelo.
Era su hermano.
Estaba inconsciente.
Los dos corrieron hacia él.
—¡Despierta!
Lo sacudieron.
Lo llamaron por su nombre.
Nada.
No respondía.
Finalmente, decidieron cargarlo hasta la casa.
Pero mientras avanzaban, Orson comenzó a retorcerse de dolor.
—¿Qué te pasa?
—No lo sé...
Se llevó las manos al pecho.
Su respiración se volvió irregular.
Pero no tenía ninguna herida.
No había sangre.
No había fiebre.
Nada que explicara aquel dolor.
Cuando los tres llegaron a casa, algo extraño los esperaba.
El ambiente se sentía diferente.
Pesado.
Oscuro.
Como si una presencia invisible hubiera entrado con ellos.
Pero nadie le dio importancia.
Todavía.
A la mañana siguiente, Liki había cambiado.
Los aldeanos comenzaron a comportarse de manera extraña.
Había discusiones.
Peleas.
Robos.
Incendios.
Incluso algunas muertes.
Nadie entendía qué estaba sucediendo.
Y dentro de aquella familia las cosas tampoco eran diferentes.
Las discusiones entre los hermanos se hicieron cada vez más frecuentes.
Orson comenzó a sentirse inferior.
La frustración crecía dentro de él.
Y, poco a poco, un sentimiento comenzó a dominarlo.
La envidia.
Mientras tanto, el menor solo deseaba que sus hermanos volvieran a estar unidos.
Entonces comenzaron los rumores.
Algunos decían que los tres visitantes eran brujos.
Otros aseguraban que habían traído una maldición.
Ángel decidió descubrir la verdad.
Se internó en el bosque siguiendo los rumores.
Algunos aseguraban que los extraños estaban en las montañas.
Otros decían que vivían cerca de la laguna.
Pero los últimos testimonios los ubicaban junto al lago.
Al amanecer, Ángel encontró una cabaña.
Pero estaba abandonada.
No había nadie.
Solo encontró profundas marcas de garras en las paredes...
Y un olor putrefacto que le revolvió el estómago.
Había restos de animales.
Y también había cuerpos.
Ángel retrocedió horrorizado.
Entonces escuchó un ruido detrás de él.
Se giró.
Los tres visitantes estaban allí.
Observándolo.
El hombre del centro habló.
—No debiste venir aquí.
Su voz era fría.
Ángel reunió todo el valor que pudo.
—¿Por qué no?
—¿Por qué deberíamos permitirte estar aquí?
—¡Necesito su ayuda!
El visitante inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Para qué?
—Creo que una maldición cayó sobre mi pueblo.
Los tres intercambiaron miradas.
Entonces el líder sonrió.
—¿Y por qué deberíamos ayudarte?
—Porque...
Ángel apretó los puños.
—Porque ustedes fueron quienes lanzaron la maldición sobre mi aldea.
El silencio fue absoluto.
—Y...
Ángel tragó saliva.
—¿Qué le hicieron a mi hermano?
El visitante sonrió.
—Pronto lo descubrirás.
Ángel dio un paso atrás.
—¿Qué significa eso?
—Lo mismo que les haremos a ti y a tu otro hermano.
Entonces ocurrió.
Los tres comenzaron a transformarse.
Sus huesos crujieron.
Sus cuerpos crecieron.
Las manos se convirtieron en enormes garras.
Los dientes se alargaron hasta convertirse en colmillos.
Sus ojos se tornaron completamente rojos.
En cuestión de segundos, frente a Ángel ya no había tres hombres.
Había tres bestias.
Monstruos enormes, más grandes que un caballo.
Ángel apenas pudo pronunciar una palabra:
—Dios...
A la mañana siguiente, Ángel despertó.
La cabaña seguía allí.
Pero los cuerpos habían desaparecido.
Solo quedaban charcos de sangre.
Regresó corriendo hacia la aldea.
Entonces se detuvo.
Liki estaba destruido.
Las casas estaban quemadas.
Había sangre por todas partes.
Y entre los restos encontró algo que reconoció inmediatamente.
Su padre.
Estaba muerto.
Ángel sintió que las piernas le fallaban.
Pero no podía quedarse allí.
Corrió hacia su casa.
Necesitaba saber si su madre y sus hermanos estaban vivos.
Al entrar, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Sintió náuseas.
Dolor de cabeza.
Y entonces lo vio.
Un camino de sangre.
Comenzaba en la entrada y se dirigía hacia la cocina.
Ángel lo siguió.
Cada paso parecía pesar una tonelada.
Cuando llegó a la cocina, vio una mano aferrada a un cuchillo.
Era su madre.
Estaba tendida en el suelo.
Ángel se arrodilló junto a ella.
—Mamá...
Intentó encontrar alguna señal de vida.
Pero fue inútil.
Su madre estaba muerta.
Ángel salió de allí desesperado.
Entonces escuchó un ruido.
Su hermano Orson estaba en su habitación.
Estaba herido, pero vivo.
Tenía varios golpes y arañazos por todo el cuerpo.
Ángel corrió hacia él.
—¡Orson!
Pero entonces escucharon otro sonido.
Waylen también estaba vivo.
Los tres hermanos habían sobrevivido.
Aunque ninguno de ellos volvería a ser el mismo.
Pasaron los días.
Después los meses.
Y finalmente los años.
Hasta que llegó una noche de luna llena.
Fue entonces cuando la maldición finalmente despertó dentro de ellos.
Los tres hermanos se transformaron.
Se convirtieron en aquello que tanto habían temido.
Licántropos.
Desde aquella noche comenzaron a recorrer diferentes lugares.
Aldeas enteras fueron destruidas.
Personas desaparecieron.
Y los hermanos comprendieron que aquella maldición no era un accidente.
Alguien los había condenado.
Así que decidieron encontrar a quienes habían iniciado todo.
Pensaron que, si derrotaban a los tres hombres lobo, serían libres.
Pero se equivocaron.
Buscaron una cura.
Recorrieron bosques.
Montañas.
Ruinas.
Lagos.
Preguntaron a brujos, ancianos y viajeros.
Pero ninguna solución funcionó.
Hasta que, muchos años después, encontraron esta cueva.
Y dentro de ella...
Encontraron tres estatuas.
La primera representaba a un hombre con los brazos abiertos.
Debajo de ella había una palabra:
LIBERTAD.
La segunda mostraba a un lobo a medio transformar.
Debajo podía leerse:
CONFUSIÓN.
Y la tercera...
Era diferente.
Representaba a un licántropo aterrador, con enormes colmillos, garras y una mirada llena de rabia.
Debajo de aquella estatua había dos palabras.
ENVIDIA Y ENOJO.
Liam dejó de hablar.
Nadie dijo nada.
La luz de la fogata comenzó a apagarse lentamente.
Entonces escuchamos un ruido.
Grrrrr...
Todos nos quedamos inmóviles.
El sonido había venido desde el fondo de la cueva.
Liam levantó lentamente la mirada hacia las tres estatuas.
—Hay algo que nunca les conté...
—¿Qué cosa? —pregunté.
Su rostro palideció.
—Las estatuas no estaban ahí cuando encontramos esta cueva por primera vez.
Sentí un escalofrío.
—Entonces... ¿Quién las puso?
Liam no respondió.
Porque detrás de nosotros...
una cuarta estatua comenzó a aparecer lentamente entre las sombras.
Hola a todos cómo están espero disfruten cada uno de mis cuentos y recomendaciones. también estoy orgulloso de ser parte de la comunidad LGBT, Quiero enseñar a todos con mis cuentos sobre la aceptación y parar la homofobia, pues todos somos iguales, debemos respetarnos pues la homosexualidad no es una enfermedad si no todo lo contrario
jueves, 6 de agosto de 2026
FLAMENCO GEMINUS:SOLO LE QUEDAN 24 HORAS
El doctor nos condujo hasta una pequeña oficina. Al entrar, respiró profundamente y nos señaló un par de sillas para que tomáramos asiento. Después de observar por un instante nuestras expresiones, bajó la mirada y dejó sobre el escritorio el expediente del padre de mi amiga.
Su rostro permanecía serio, casi frío, aunque sus ojos no dejaban de observar a Olivia y a su hermano.
—La verdad es que su padre está muy grave —dijo con voz pausada—. Debido a su problema con el alcohol y a las lesiones que sufrió, las probabilidades de que sobreviva son muy bajas.
Al pronunciar aquellas palabras, el doctor se levantó de inmediato de su silla y se colocó a un lado del escritorio, preparado por si alguno de los dos se desmayaba o reaccionaba de forma impulsiva.
Yo también di un paso al frente, más preocupado por Olivia que por cualquier otra cosa. Temía que, dominada por la desesperación, descargara su dolor contra el médico.
Al girarme para observar a su hermano, vi que ya tenía los ojos completamente llenos de lágrimas. Sus puños estaban tan apretados que los nudillos se habían vuelto blancos. Aunque siempre aseguraba odiar a su padre, aquella noticia había roto la barrera que tanto tiempo había construido. En su rostro se mezclaban la tristeza, el enojo y la impotencia.
Olivia, en cambio, permanecía inmóvil.
Su expresión era tranquila, casi serena.
Pero yo la conocía demasiado bien.
Aquella calma no era paz... era el silencio que precedía a la tormenta.
—¿Cree que podamos verlo? —preguntó con una voz tan fría que incluso el aire pareció congelarse.
El doctor asintió.
—Claro que sí.
Luego miró al hermano de Olivia.
—¿Tú también deseas verlo?
Él negó lentamente con la cabeza.
—No... gracias.
Su voz apenas fue un susurro.
OLIVIA
Me quedé completamente paralizada cuando llegué a la habitación.
Sentía que mis piernas ya no me pertenecían.
Mis manos comenzaron a temblar sin control y mi respiración se volvió pesada.
—¿Estás bien? —preguntó el doctor mientras se acercaba y extendía su mano hacia mí—. Si no quieres entrar, no pasa nada.
Negué lentamente con la cabeza.
Mis labios temblaban.
Con toda la fuerza que aún me quedaba, di un paso.
Después otro.
Y otro más.
Cada metro que avanzaba sentía que el suelo desaparecía bajo mis pies.
El doctor sujetaba mi mano con firmeza. Seguramente podía sentir lo sudorosa y temblorosa que estaba.
Mi respiración se aceleró.
Bajé la cabeza.
No quería verlo.
No estaba preparada.
De pronto nos detuvimos.
—Ya puedes levantar la mirada —dijo con suavidad.
—No... no puedo... —respondí con la voz quebrada.
El doctor guardó silencio unos segundos.
—Está bien... entonces vámonos.
Aquellas palabras me golpearon como un relámpago.
Si me iba ahora... quizá jamás volvería a verlo.
Levanté lentamente la vista.
Y ahí estaba.
Mi padre.
Conectado a una sonda de alimentación.
El oxígeno cubría parte de su rostro.
Las máquinas emitían un pitido constante que parecía anunciar el final.
Sentí que el mundo se rompía bajo mis pies.
Las fuerzas abandonaron mi cuerpo.
Caí.
Antes de tocar el suelo, el doctor me sostuvo entre sus brazos y me abrazó con fuerza.
—Llora... —susurró—. No voy a juzgarte.
Me aferré a su bata blanca mientras las lágrimas comenzaban a escapar.
—Lo siento... pero esto es demasiado difícil...
Él acarició con delicadeza mi espalda.
—Te sugiero que descanses un poco. Aquí estará bien.
Negué con la cabeza.
—Gracias... pero quiero quedarme aquí hasta que...
Mi voz murió antes de terminar la frase.
El doctor sonrió con tristeza.
—¿Hasta que despierte?
Asentí en silencio.
—Sí...
Después de unos minutos decidí salir para buscar a mi hermano.
Recorrí cada pasillo del hospital.
La cafetería.
La sala de espera.
Los jardines.
No estaba en ninguna parte.
Un policía se acercó a mí.
—¿Buscas al joven que estaba contigo?
Asentí de inmediato.
—Sí. ¿Lo vio?
—Hace unos minutos salió del hospital. Parecía muy alterado... estaba llorando.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
No.
Por favor, no.
Mi hermano siempre había sido mucho más sensible que yo.
Los peores pensamientos comenzaron a invadir mi mente.
¿Y si había decidido hacerse daño?
¿Y si la noticia había sido demasiado para él?
¿Y si...?
Sin perder un segundo corrí fuera del hospital.
Tomé un Uber.
Después un taxi.
Fui a su departamento.
Llamé a sus amigos.
Lo busqué desesperadamente por todas partes.
Pero nadie sabía dónde estaba.
El miedo comenzó a apoderarse de mí.
Si perdía a mi padre...
Y también perdía a mi hermano...
Me quedaría completamente sola.
Las lágrimas apenas me dejaban respirar cuando mi teléfono sonó.
La pantalla mostraba el número del hospital.
Contesté de inmediato.
—¿Bueno?
—Hola, Olivia... ¿cómo estás? —preguntó el doctor.
Pero algo en su voz me hizo comprender que no traía buenas noticias.
—Doctor... ¿ocurrió algo?
Al otro lado de la línea hubo un largo silencio.
—Am...
—¡Por favor, doctor! ¡Dígamelo de una vez! —grité desesperada—. Perdón... perdón... pero no encuentro a mi hermano.
El médico respiró profundamente antes de hablar.
—Olivia... tu padre acaba de sufrir un paro cardíaco.
Sentí que el tiempo se detenía.
—Logramos estabilizarlo por el momento... pero debo ser honesto contigo.
Volvió a guardar silencio.
—Es muy probable... que le queden menos de veinticuatro horas de vida.
Hola a todos cómo están espero disfruten cada uno de mis cuentos y recomendaciones. también estoy orgulloso de ser parte de la comunidad LGBT, Quiero enseñar a todos con mis cuentos sobre la aceptación y parar la homofobia, pues todos somos iguales, debemos respetarnos pues la homosexualidad no es una enfermedad si no todo lo contrario
lunes, 3 de agosto de 2026
NO SOY TU Y TU NO ERES YO
Hola a todos cómo están espero disfruten cada uno de mis cuentos y recomendaciones. también estoy orgulloso de ser parte de la comunidad LGBT, Quiero enseñar a todos con mis cuentos sobre la aceptación y parar la homofobia, pues todos somos iguales, debemos respetarnos pues la homosexualidad no es una enfermedad si no todo lo contrario





