💀 LA HUESUDA Y SUS VECINOS DEL MUNDO 💀
Como cada año, la Huesuda sale de visita,
pero este año no viene por ningún alma bendita.
A sus queridos vecinos irá a visitar,
pues en el Día de Muertos es cuando los puede encontrar.
Primero fue donde estaba La Llorona,
pues su lamento resonaba por toda la zona.
—¡Ay, mis hijos!— era lo que siempre se escuchaba,
y al oír aquella pena, la Huesuda se preocupaba.
Quiso darle una sorpresa para aliviar su tristeza,
y le llevó a sus hijos con cariño y delicadeza.
Al verlos nuevamente, su dolor se desvaneció,
y aquella pobre Llorona por fin sonrió.
Al siguiente vecino fue la Huesuda a visitar,
pero en medio del carnaval la encontró sin parar.
Era la Cuca, una bruja brasileña sin igual,
con sus ojos encendidos y una sonrisa espectral.
Bailaba entre las sombras bajo la luna de cristal,
y su risa tenebrosa helaba todo el carnaval.
La Huesuda se acercó y comenzó también a bailar,
y entre gritos y espantos hicieron al pueblo temblar.
Ambas brillaron, ganaron y lograron triunfar,
aunque como reinas no pudieron quedar,
pues los humanos aterrados comenzaron a escapar.
Y aunque no hubo coronas ni un trono de esplendor,
ganaron con su encanto, su misterio y su terror.
El tercer vecino estaba del otro lado del charco,
y la Huesuda compró su boleto para irse en barco.
Muchos le comentaron que encontraría el amor,
y partió entre las sombras siguiendo aquel rumor.
Tal vez pensaba que se repetiría aquella historia,
como la de la Bestia de Gévaudan, envuelta en misterio y memoria.
Una criatura que en la noche solía acechar,
entre bosques y niebla, esperando para atacar.
Decían que era un lobo, pero no uno normal,
pues su aspecto era extraño, enorme y sobrenatural.
Los pueblos temblaban al escucharla aullar,
y nadie sabía cuándo volvería a regresar.
La Huesuda caminó por un bosque sin luna,
cuando un gruñido profundo estremeció la laguna.
Entre la niebla dos ojos la hicieron temblar,
y una enorme sombra comenzó a caminar.
Pero aquella Bestia no la quiso atacar,
pues en vez de enemigo la decidió acompañar.
No encontró el amor que esperaba hallar,
pero encontró un guardián que jamás la dejaría sola al caminar.
Ya estando en Europa, la Huesuda visitó Países Bajos,
donde se encontraba un viejo amigo entre mares y ocasos.
Era el mismísimo Holandés Errante, capitán de alta mar,
con su barco maldito, condenado por siempre a navegar.
La tripulación la saludó con cortesía y muy elegante,
mientras el capitán la observaba, serio y distante.
No pudo regalarle una sonrisa a aquella vieja navegante,
pues una antigua maldición lo perseguía constantemente.
La tripulación celebró aquella inesperada reunión,
y a la Huesuda le hicieron un favor de corazón.
Entre brindis, carcajadas y relatos del mar,
una nueva aventura estaba a punto de comenzar.
El Día de Muertos ya estaba por terminar,
pero la Huesuda aún tenía vecinos que visitar.
No sabía qué hacer ni por dónde comenzar,
cuando de repente una idea se le vino a presentar.
—¿Por qué una sola fiesta, si dos puedo celebrar?
Una fiesta que no termine y que nos haga bailar.
Con música, leyendas y un gran festín,
¡que la noche sea eterna y la diversión no tenga fin!
Así que no te vayas, no cierres el telón,
que la Huesuda aún prepara otra celebración.
Muy pronto regresará para la historia continuar,
y contar todo lo que en su viaje llegó a pasar.

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