OLIVIA
En la cafetería, todos hacían lo posible por dejar el lugar perfecto para aquella noche. Algunos barrían y acomodaban los muebles, mientras que otros colocaban adornos, guirnaldas, esferas y luces por todas partes.
—¿Estás segura de que no estás exagerando? —preguntó mi novio, Arthet.
—¡No! —respondí sin pensarlo, mientras intentaba colocar unos cuantos adornos en el candelabro—. Bueno, de acuerdo, creo que tienes razón. Es solo que mi mejor amigo va a declararse por primera vez y quiero que tanto tu hermano como mi mejor amigo se confiesen su amor.
—Está bien, lo entiendo, pero, por lo menos, déjame colocarlos a mí. No vayas a caerte —dijo mientras sujetaba la escalera y levantaba un brazo para ayudarme a mantener el equilibrio.
Lo miré y sonreí.
—Volvamos a adornar la cafetería como aquella vez.
Al escucharme, varios compañeros suspiraron aliviados. Al parecer, por fin les había dado un respiro después de tantas órdenes.
—¡Eso es! —exclamó nuestra jefa, quien apareció de repente, casi como si fuera una bruja salida de las sombras—. Por fin entendiste que estabas exagerando.
Dejó una caja sobre una mesa. Dentro llevaba varios folletos que había impreso para promocionar el evento y conseguir que más personas visitaran la cafetería aquella noche.
—De hecho, he estado pensando en algo, pero se los contaré al final de todo esto. Bueno, tengo que terminar algunas cosas. ¡Nos vemos!
Sin dar más explicaciones, se marchó.
Yo continué con los preparativos, aunque mi curiosidad por saber qué estaba tramando no dejaba de crecer.
De pronto, mi celular vibró.
Era un mensaje de Ángel.
MENSAJE DE ÁNGEL
Estoy con Maleek. Ya vamos de regreso, ¡pero me INVITÓ UN HELADO! 😤😭😭😭😭😢😢 Amiga, creo que estoy soñando.
—¡¡¡¿QUÉEEEE?!!! —grité con tanta fuerza que hasta Arthet brincó del susto.
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Hay alguien herido? —preguntó, visiblemente preocupado.
—¡SÍ! —respondí de inmediato.
Arthet abrió los ojos, todavía más alarmado.
—¡No, no! ¡Nadie está herido! ¡Mira! —aclaré, enseñándole el mensaje.
En cuanto lo leyó, su expresión cambió. Ahora él también parecía sorprendido.
¡No podía creerlo! ¿Maleek había invitado a Ángel a un helado? ¿Eso significaba que las cosas entre ellos estaban empezando a cambiar?
Una sonrisa comenzó a dibujarse en mi rostro.
Quizá aquella noche terminaría siendo mucho más especial de lo que había imaginado.
Sin embargo, todavía había algo que me preocupaba: la caja negra que habíamos preparado para el juego.
Y no estaba segura de si sería una buena idea utilizarla.
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ARTHET
No podía creer lo que acababa de leer en el mensaje que Olivia me había enseñado.
¡Mi hermano y el chico del que estaba enamorado estaban juntos!
Por un momento, me pregunté dónde podrían encontrarse. Entonces lo recordé: mi hermano me había contado que iría a una pequeña exposición de anime en el centro de la ciudad.
En aquel lugar venderían tazas, bolsas, mochilas, collares, pulseras y toda clase de artículos relacionados con sus series favoritas. Era el sitio perfecto para cualquier coleccionista.
Mientras recordaba la conversación, mi celular vibró.
Había recibido un mensaje de Maleek.
MENSAJE DE MALEEK
Nuestras sospechas eran correctas. Ya sé quién es el chico que se disfrazó de chica en la feria y también quién era el misterioso chico de la fiesta de máscaras en la cafetería.
Gracias por estar conmigo y ayudarme con esta búsqueda. Me has ayudado muchísimo.
Mis ojos se abrieron como platos.
¡Maldición!
¿Qué pensaría Olivia si leía aquello? ¿Creería que habíamos estado acosando a su mejor amigo? ¿Pensaría que todo lo que había sucedido entre nosotros era parte de una mentira?
Tragué saliva.
Tenía que decírselo. No quería ocultarle nada, pero tampoco sabía cómo explicarle todo aquello sin que sonara sospechoso.
Respiré profundamente y le mostré el mensaje.
Después, me agaché, incapaz de sostenerle la mirada. Mi mente comenzó a imaginar toda clase de escenarios y, sinceramente, ninguno terminaba bien.
—¡Hola! —escuché la voz de Olivia—. ¡Arthet! ¿Estás ahí?
No respondí.
—¡Arthet!
Un aplauso me sacó de mis pensamientos.
Levanté la cabeza y me encontré con su mirada. Su expresión era una mezcla de enojo, confusión y, si no me equivocaba, tristeza.
Se plantó frente a mí con firmeza. No me devolvió el celular; en cambio, cruzó los brazos mientras lo sostenía y levantó una ceja.
—Y bien… explícate.
—Está bien —murmuré, respirando profundamente—. No es lo que piensas. No somos unos acosadores. Todo esto comenzó cuando nos encontramos con ustedes en la feria.
—Ajá —respondió, sin apartar de mí aquella mirada.
Tragué saliva y comencé a explicárselo todo.
Le conté cómo habíamos ayudado a su amigo y a ella durante aquel incidente en la feria. También le confesé que, al principio, mi hermano había querido burlarse del chico.
Pero las cosas habían cambiado.
Con el paso del tiempo, su curiosidad dejó de ser una simple broma. Ya no quería encontrarlo para reírse de él; quería conocerlo de verdad.
Después, le expliqué que, cuando mi hermano volvió a verlo sin la máscara y Olivia no estaba presente, comenzó a descubrir que aquel chico era tierno, agradable y mucho más interesante de lo que había imaginado.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión había llegado durante el baile de máscaras en la cafetería.
Desde aquella noche, mi hermano se había enamorado todavía más. Por eso habíamos comenzado la búsqueda: queríamos descubrir quién era aquel misterioso chico que había conseguido conquistar su corazón.
Poco a poco, empezamos a conectar las pistas y a unir las piezas del rompecabezas.
Cuando terminé, Olivia guardó silencio durante unos segundos.
—Mmm… Está bien —murmuró.
Bajó la cabeza y tragó saliva antes de volver a mirarme.
—Solo quiero saber una cosa, Arthet. ¿Me utilizaste? ¿Sí o no?
—No —respondí con firmeza—. Todo lo que vivimos desde aquella feria fue real. Desde entonces me enamoré de ti. Quería contártelo, pero mi hermano me pidió ayuda y acepté porque nunca lo había visto tan enamorado ni tan atento con alguien.
Hice una pausa para mirarla a los ojos.
—Pero eso no significa que mis sentimientos por ti sean mentira. Te soy fiel a ti y solamente a ti. Yo solo quería ayudar a mi hermano a encontrar a la persona que ama.
Olivia no respondió inmediatamente.
Y yo, por primera vez en mucho tiempo, tuve miedo de perder a la persona que amaba.
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OLIVIA
Su voz me hizo dudar, pero no porque creyera que estaba mintiendo. Podía notar que me decía la verdad.
Arthet se había agachado frente a mí y tenía lágrimas en los ojos, como si estuviera esperando que terminara nuestra relación en ese mismo instante.
Por un momento, pensé que quizá debía hacerlo.
Después de todo lo que había sucedido con mi padre, me costaba confiar plenamente en los demás. No quería volver a sentir que alguien me ocultaba cosas importantes.
Pero Arthet no era mi padre. Y nuestra relación, con todos sus problemas, también estaba llena de momentos hermosos que no quería perder.
Lo miré durante unos segundos más. Finalmente, le levanté suavemente el rostro y le di un beso.
—Primero… —murmuré, besándolo con dulzura—, este es porque te perdono.
Me separé un poco de él y sonreí con picardía.
—Y segundo…
Le di un pequeño golpe en el brazo.
—¡Eso es porque ya estamos a mano!
—¡Auuch! —se quejó, frotándose el brazo—. Está bien, lo merezco.
Solté una pequeña risa. Por fin, la tensión entre nosotros comenzaba a desaparecer.
Entonces Arthet dirigió la mirada hacia la caja negra que descansaba sobre la mesa.
—Cambiando de tema, ¿qué pensabas hacer exactamente con eso?
—¡Ah, cierto! —exclamé, recordándolo—. La idea era jugar a Verdad o Mentira. Si mi amigo no decía la verdad o evitaba hablar de ciertos temas, tendría que abrir esta caja. Dentro hay fotografías de él.
Arthet contempló la caja durante unos segundos.
—Mmm… ¿No crees que eso podría ser un poco cruel?
Fruncí el ceño.
—¿Por qué lo dices?
—Ya sabes que mi hermano lo sabe todo. Tu amigo todavía no quiere confesar sus sentimientos porque tiene miedo al rechazo. Si lo obligas a hablar de algo para lo que todavía no está preparado, ¿no crees que sería cruel? —preguntó, colocando una mano sobre la caja—. Deja que mi hermano se encargue de todo.
Miré la caja con amargura.
—Pero él lo amará si llega a saberlo —murmuré.
—¡Oye! —Arthet tomó mis dos manos entre las suyas, sin apartar la otra de la caja—. Todo estará bien. Mi hermano lo ama con locura. Sí, a veces es un poco exagerado con sus métodos, pero, cuando se enfoca en algo que ama, nada puede detenerlo ni impedirle que siga amando a esa persona.
Sus palabras me hicieron guardar silencio.
Quería creerle. De verdad quería.
Pero ¿y si las cosas no salían como esperábamos? ¿Y si, en lugar de unirlos, terminábamos separándolos para siempre?
No quería que mi mejor amigo sufriera. Solo deseaba verlo feliz, enamorado y correspondido.
Quizá Arthet tenía razón. Tal vez algunas verdades necesitaban tiempo para salir a la luz.
De pronto, mi celular vibró de nuevo.
MENSAJE DE ÁNGEL
¡YA VAMOS EN CAMINO!
Sonreí al leerlo.
Ya estaban por llegar.
Miré a mi alrededor, observando la cafetería que habíamos preparado con tanto esfuerzo. Todo estaba casi listo: los adornos, las luces, los folletos y hasta aquella misteriosa caja negra.
Solo faltaba que llegaran Ángel y Maleek.
Y entonces descubriríamos si aquella noche se convertiría en el comienzo de una hermosa historia de amor… o en un desastre que ninguno de nosotros podría olvidar.

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